Virreinato de Nueva España

El virreinato de Nueva España fue una entidad territorial española que gobernaba gran parte de América del Norte y Centroamérica entre los siglos XVI y XIX, con Antonio de Mendoza como primer virrey.

16/01/2026 · Actualizado: 24/07/2026

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El virreinato de Nueva España funcionó como una entidad territorial integrante del Imperio español que abarcó gran parte de América del Norte bajo administración de la Monarquía Hispánica entre los siglos XVI y XIX. Esta organización política se originó tras el acontecimiento principal de la conquista, conocido como la caída de México-Tenochtitlan, aunque su territorio continuó expandiéndose hacia el norte mucho después de ese hecho inicial. La documentación oficial establece que la creación del virreinato ocurrió en fecha de 8 de marzo de 1535 con Antonio de Mendoza y Pacheco nombrado como primer virrey, mientras que la capital se estableció sobre los cimientos de la antigua ciudad mexicana bajo el nombre de Ciudad de México.

La extensión territorial incluía lo que actualmente es México junto a estados estadounidenses como California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington y Florida . También abarcó partes de Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma y Luisiana por territorio estadounidense, además de la parte suroeste de la Columbia Británica del actual Canadá. La jurisdicción se extendía hacia América Central con la capitanía general de Guatemala que incluía los actuales países de Guatemala, el estado de Chiapas, Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua . Asimismo comprendió la capitanía general de Santo Domingo para Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Trinidad y Tobago y Guadalupe ; más la provincia de Venezuela, la actual provincia de Bocas del Toro en Panamá y finalmente la capitanía general de Filipinas que abarcaba las islas Carolinas y Marianas .

Contenido

Fundación del Virreinato

Nueva España se constituyó como el primer virreinato erigido dentro del imperio español, aplicando allí directamente el modelo de gobernación que la corona había diseñado para sus territorios ultramarinos. El cargo de virrey implicaba una concentración total del poder público en manos de un individuo designado por el rey, quien podía nombrar y remover a su representante libremente según conveniencia real. Este funcionario actuaba con autoridad soberana local, aunque su lealtad última residía exclusivamente en la figura monárquica de España, obedeciendo estrictamente las órdenes recibidas desde la metrópoli sin margen para decisiones autónomas que contradijeran los intereses del imperio.

La estructura administrativa dependía enteramente de este jefe supremo, quien comandaba a alcaldes mayores, corregidores y conserjes locales encargados de gestionar los asuntos públicos en sus respectivas jurisdicciones. Los ayuntamientos y jefes de pueblos de indios también operaban bajo la supervisión directa del virreinato, formando una jerarquía donde cada eslabón respondía al mando central establecido por el monarca español. Esta organización permitía vigilar eficazmente los negocios del Estado en un territorio vasto como América, asegurando que las leyes promulgadas en Europa se ejecutaran sin alteraciones significativas en la práctica cotidiana de la administración colonial.

Muchos virreyes asignados a Nueva España también ocuparon posteriormente el mismo puesto en el virreinato del Perú, donde el traslado desde México hacia Lima representaba un premio altamente codiciado entre las autoridades virreinales españolas. El sueldo base se complementaba con ingresos adicionales derivados de la presidencia de la Audiencia y los fondos destinados a mantener una guardia personal dedicada al servicio del gobernante colonial. Los salarios aumentaron progresivamente conforme se consolidó la dominación española, elevándose desde cifras iniciales hasta alcanzar niveles que reflejaban tanto el estatus político como las necesidades económicas de la época imperial.

Un virrey mexicano percibía inicialmente 27.000 pesos anuales por su labor administrativa y militar en el territorio novohispano, cifra considerablemente inferior a los 41.000 pesos que recibían sus contrapartes peruanas durante las primeras décadas de la colonización. Bajo la dinastía borbónica, ambos cargos alcanzaron una uniformidad salarial con ingresos anuales de 60.000 pesos, incremento motivado por procesos inflacionarios y la devaluación generalizada de la moneda circulante en el imperio español de finales del siglo XVIII. Estas diferencias económicas evidenciaban las prioridades geopolíticas que España asignaba a cada territorio colonial según su potencial estratégico y demográfico dentro del vasto esquema imperial hispanoamericano.

El Real Consejo de Indias fue instituido formalmente en 1519 para centralizar la toma de decisiones sobre los asuntos concernientes a las provincias del Nuevo Mundo, consolidando así el control administrativo desde Lisboa o Madrid antes de que se establecieran sedes virreinales específicas. Desde 1524 este organismo obtuvo autoridad suprema para discernir casos complejos y preparar el terreno institucional necesario para la creación de futuros virreinatos mediante la promulgación de leyes específicas y la regulación del comercio internacional. Su misión principal incluyó crear marcos legales que institucionalizaran a los pueblos de indios, regularan las actividades comerciales transatlánticas y organizaron la administración pública en todos los territorios bajo jurisdicción española directa o indirecta.

La defensa legal de los derechos indígenas contra abusos cometidos por colonizadores españoles formó parte integral del mandato institucional otorgado al Consejo de Indias tras entrar en vigor las leyes que establecieron el sistema virreinal. Bartolomé de las Casas emergió como miembro destacado de esta etapa formativa, utilizando sus argumentos teológicos y prácticos para influir en la creación de protecciones legales que limitaran los excesos de los conquistadores recién llegados a tierras americanas. Otras instituciones creadas simultáneamente incluyeron corregimientos encargados de impartir justicia local y nombramientos realizados directamente por las Audiencias superiores, mientras alcaldes mayores dirigían estas instancias judiciales en ausencia del virrey principal o sus delegados directos.

Como medida preventiva contra posibles amenazas a los intereses reales, el gobierno español estableció un complicado sistema burocrático diseñado para hacer engorroso cualquier trámite que pudiera poner en peligro las prerrogativas de la Corona española en América. El Duque de Lerma evidenció esta estrategia administrativa en una carta escrita al monarca Felipe III en 1608, donde describió cómo los trámites deliberadamente complejos servían como mecanismo de control y contención ante posibles rebeliones o desobediencias locales. Esta política buscaba contrarrestar peticiones y exigencias de poder provenientes tanto de antiguos conquistadores que habían acumulado riquezas significativas como de caciques indígenas que intentaban preservar sus autonomías tradicionales frente a la expansión colonial española sistemática.

La población novohispana debía acudir obligatoriamente a las autoridades establecidas para llevar a cabo trámites administrativos, proceso que generalmente solo manejaba el negocio por interés particular del funcionario encargado y

Constitución y Organización

El virreinato se estructuró bajo una administración compleja donde las subdivisiones territoriales poseían un gobernador y capitán general. En la Nueva España este cargo recaía sobre el propio virrey, quien añadía dicho título a sus otras dignidades para ejercer autoridad suprema en la región. Por esta razón, ciertas audiencias eran consideradas como «pretoriales» dado que encabezaban reales audiencias junto con estos funcionarios de alto rango. La organización política dividía el territorio en reinos y capitanías generales, estableciendo una jerarquía administrativa clara desde la capital hasta las fronteras más remotas del imperio colonial.

La Real Audiencia funcionaba como un órgano judicial supremo dentro de esta estructura organizativa. A su vez, el consejo de indias actuaba en España para supervisar y dictar políticas hacia los territorios ultramarinos bajo jurisdicción española. Estas instituciones aseguraban que la administración centralizada desde la metrópoli se aplicara con rigor en las colonias americanas. La casa de contratación gestionaba el comercio exclusivo, regulando el flujo de mercancías entre América y Europa para maximizar los beneficios económicos del Imperio español.

Desde principios del siglo XIX, el virreinato cayó en crisis agravada por la guerra contra las tropas francesas en la Península . Esta situación provocó una consecuencia directa que fue la crisis política en México de 1808. El conflicto culminó con el gobierno de José de Iturrigaray y dio pie a movimientos conspirativos como la Conjura de Valladolid. Estos eventos demostraron cómo la estructura administrativa tradicional no podía contener las tensiones políticas emergentes dentro del territorio virreinal durante esa década turbulenta.

El rey Carlos III introdujo reformas en 1786, conocidas como reformas borbónicas en Nueva España, que alteraron significativamente el esquema administrativo previo. En estas medidas se creaban las intendencias para limitar las atribuciones del virrey y centralizar mejor la recaudación fiscal y el control político local. Estas nuevas divisiones administrativas reemplazaron gradualmente a los antiguos sistemas de gobierno basados en audiencias reales que habían operado desde mediados del siglo XVI hasta finales del periodo borbónico. La implementación de estas reformas buscaba modernizar la administración colonial frente a las necesidades económicas imperiales y la competencia con otras potencias europeas por el control territorial global.

La existencia de dos señoríos nobiliarios complementó esta estructura administrativa oficial dentro del virreinato establecido en 1535. El marquesado del Valle de Oaxaca, propiedad de Hernán Cortés y sus descendientes, incluía vastos territorios donde los marqueses tenían jurisdicción civil y criminal sobre las posesiones incluidas en su dominio señorial. Este señorío otorgaba derechos exclusivos para conceder tierras, aguas y bosques dentro del conjunto territorial bajo administración directa de la nobleza conquistadora que había llegado desde Europa hacia finales del siglo XV.

El otro señorío fue el ducado de Atlixco, otorgado en 1708 por el rey Felipe V a José Sarmiento de Valladares . Este funcionario era ex virrey de Nueva España y casado con la III condesa de Moctezuma, recibiendo jurisdicción civil y criminal sobre localidades específicas como Tepeaca, Guachinango e Ixtepeji. La concesión del ducado representó una estrategia real para recompensar a funcionarios destacados mediante el otorgamiento de títulos nobiliarios que conferían privilegios jurídicos exclusivos dentro del marco legal establecido por la corona española en sus posesiones americanas durante los siglos XVI y XVII.

Efectos Socioeconómicos

La población indígena constituyó un elemento fundamental dentro de la estructura demográfica del territorio virreinal. Los grupos autóctonos habitaban vastas extensiones geográficas que abarcaban desde el sur hasta las regiones septentrionales, integrándose en una realidad social compleja bajo la administración española. Estas comunidades mantuvieron sus tradiciones culturales mientras se adaptaron gradualmente a los nuevos sistemas de producción impuestos por la corona y los colonizadores europeos. La convivencia entre ambas poblaciones generó dinámicas sociales que transformaron profundamente las costumbres locales, aunque también provocó alteraciones en el tejido étnico original mediante procesos de mestizaje forzado o voluntario.

La minería representó uno de los pilares económicos más significativos durante la vigencia del virreinato mexicano. La extracción de metales preciosos como la plata impulsó el desarrollo comercial y facilitó el flujo de capitales hacia España, consolidando al reino de Nueva España como una potencia económica dentro del Imperio español. Las minas ubicadas en diversas regiones atrajeron a mano de obra especializada e incentivaron la construcción de infraestructuras necesarias para el transporte y procesamiento de los minerales obtenidos. Este sector productivo generó empleo masivo y estimuló actividades complementarias como la agricultura, la ganadería y el comercio regional que sustentaban las operaciones extractivas en todo el territorio colonial.

La organización territorial del virreinato permitió una gestión eficiente de los recursos naturales disponibles en cada región administrativa específica. Las intendencias creadas bajo las reformas borbónicas optimizaron la recaudación fiscal y mejoraron la distribución de bienes entre diferentes poblaciones coloniales. La administración centralizada facilitó el control sobre las actividades económicas locales, asegurando que los ingresos generados por sectores productivos como la minería o la agricultura llegaran a las arcas reales en España. Esta estructura administrativa también regulaba el comercio interno y externo, estableciendo normas para el transporte de mercancías entre puertos del Caribe, Pacífico y regiones continentales americanas bajo jurisdicción española.

Las instituciones creadas por Carlos III modificaron los mecanismos tradicionales de gobierno económico establecidos desde la creación inicial en 1535. Estas reformas limitaban las atribuciones directas del virrey frente a real audiencias que supervisaban el cumplimiento normativo en cada provincia o capitanía general dependiente. La implementación de nuevos sistemas fiscales afectó directamente a productores locales, comerciantes y trabajadores mineros que debían adaptarse a los cambios regulatorios impuestos por la metrópoli española durante las últimas décadas del periodo colonial. Los ajustes administrativos buscaban maximizar el rendimiento económico para beneficio directo de la corona sin alterar sustancialmente la producción material existente en territorio americano.

La crisis política iniciada desde principios del siglo XIX alteró drásticamente los patrones económicos establecidos tras la caída de México-Tenochtitlan y consolidación administrativa posterior a 1536. La guerra contra las tropas francesas en la Península agravó la situación financiera del virreinato, afectando negativamente a todas las actividades productivas que habían florecido durante siglos anteriores bajo protección española establecida desde la fundación oficial el 8 de marzo de 1535. José de Iturrigaray enfrentó dificultades administrativas cuando intentaba mantener el orden económico ante un contexto internacional inestable derivado del conflicto napoleónico en Europa occidental que impactaba directamente los intereses comerciales americanos dependientes de España metropolitana.

La Conjura de Valladolid y la conspiración de Querétaro surgieron como respuestas a las condiciones económicas deterioradas por años de crisis fiscal acumulada durante el reinado de Carlos III e Isabel II española posterior al periodo borbónico inicial. Estos movimientos políticos reflejaban insatisfacción generalizada entre sectores sociales que veían reducidos sus ingresos reales debido a nuevas cargas fiscales impuestas desde la metrópoli sin considerar las particularidades locales documentadas en cada región administrativa específica del vasto territorio virreinal extendido por continentes americanos bajo soberanía española.

La independencia de México consumada en 1821 marcó el fin definitivo del sistema económico colonial que había operado durante casi tres siglos consecutivos desde la llegada inicial a costas americanas tras expedición colombina iniciada después de conquista granadina completada en año mil cuatrocientos noventa y dos. Agustín de Iturbide asumió funciones imperiales sobre territorio liberado, pero las estructuras productivas mineras y agrícolas requerían reestructuración completa para adaptarse a nuevas realidades políticas surgidas tras disolución del virreinato establecido originalmente por Antonio de Mendoza en fecha ocho de marzo mil quinientos treinta y cinco.

La desintegración territorial afectó directamente a regiones como la capitanía general de Guatemala fundada en 1536 o provincias que formaron posteriormente República Federal de Centroamérica independientemente de México después proclamación realizada dos años más tarde tras caída emperador Agustín I coronado sobre territorio anteriormente bajo administración española desde capital Ciudad de México ubicada sobre antigua Tenochtitlan destruida durante conflictos iniciales. Las nuevas naciones emergentes debieron establecer sus propias políticas económicas sin depender de mecanismos fiscales diseñados originalmente para beneficio exclusivo del rey español y su corte en Madrid donde se gestionaban asuntos relacionados con todos los territor

Economía y Comercio

La economía de América se estructuró en función de las necesidades del mercado europeo, al servicio exclusivo de la Corona Española. Los territorios americanos enviaban a Europa oro, plata, cobre, mercurio, diamantes, y alimentos como el azúcar, el cacao. Estos recursos provenían directamente de minas y plantaciones bajo administración colonial. A su vez, recibían sal, vino, aceite, armas, paños, telas y artículos suntuarios desde la metrópoli. Además del intercambio comercial regular, también se transportaban esclavos hacia las colonias americanas para trabajar en diversas actividades productivas.

El puerto de Veracruz fue el principal acceso al océano Atlántico, mientras que Acapulco funcionaba como la puerta fundamental hacia el océano Pacífico. Ambos puertos fueron esenciales para facilitar el comercio ultramarino, especialmente con Asia. Un ejemplo concreto del tráfico marítimo era el Galeón de Manila, también conocido como la Nao de China. Este buque realizaba dos viajes anuales entre Manila y Acapulco. Las mercancías transportadas en estos viajes incluían productos asiáticos que luego eran trasladados por tierra desde Acapulco hasta Veracruz. Posteriormente, se reembarcaban hacia Cádiz, España, completando así la ruta comercial transoceánica.

Los buques que zarpaban de Veracruz generalmente partían cargados con mercancías de oriente procedentes de los centros comerciales de las Filipinas. Junto a estos productos asiáticos, transportaban metales preciosos y recursos naturales extraídos en México, Centroamérica y el Caribe. Esta combinación de carga era vital para mantener la relación comercial entre América y Europa. La logística implicaba un complejo sistema de transporte por mar y tierra que conectaba los distintos puntos del imperio español con sus mercados consumidores principales en las antiguas naciones europeas.

Sin embargo, estos recursos no se tradujeron en desarrollo significativo para la metrópoli debido a factores externos constantes. España enfrentó frecuentes inmersión en guerras en Europa, lo cual afectó su capacidad de inversión y protección comercial. Además, existía una constante merma al transporte ultramarino provocada por los asaltos de compañías bucaneras ingleses, corsarios holandeses y piratas mixtos. Estas entidades privadas operaban con fines depredadores contra las flotas comerciales españolas.

Estas compañías fueron inicialmente financiadas por la bolsa de Ámsterdam —la primera de la historia—. El origen de esta institución se debe precisamente a la necesidad de fuentes de financiación para empresas de piratas que surgieron en esa ciudad europea. Posteriormente, el financiamiento también provino de la bolsa de Londres, consolidando un sistema internacional de apoyo a actividades ilegales contra las colonias españolas. Lo anterior es lo que algunos autores llaman el «proceso histórico de transferencia de riqueza del sur hacia el norte». Este fenómeno describió cómo los recursos extraídos en América terminaban beneficiando económicamente a potencias rivales o neutrales mediante mecanismos indirectos y directos de captura marítima.

La vulnerabilidad de las rutas comerciales se evidenció cuando buques cargados con oro, plata y mercancías asiáticas eran interceptados antes de llegar a sus destinos finales en Europa. Los ataques coordinados por grupos organizados reducían drásticamente los ingresos esperados para la Corona Española. La pérdida material era cuantiosa y afectaba el flujo regular de divisas hacia España. Esto generó una dependencia económica que no permitía reinvertir las ganancias obtenidas del trabajo colonial en mejoras productivas locales o infraestructuras metropolitanas sostenibles a largo plazo.

El impacto financiero derivado de estas pérdidas se reflejó en la incapacidad para mantener un crecimiento económico autónomo dentro del imperio español americano. La riqueza extraída era absorbida por conflictos bélicos europeos y saqueos marítimos antes de llegar completamente a los tesoreros reales o al mercado libre europeo competitivo. Así, el sistema comercial establecido funcionaba más como una vía de extracción bajo amenaza constante que como un motor de desarrollo integrado entre las regiones implicadas en la red imperial hispana del siglo XVIII.

Relaciones Sociales

La sociedad del territorio novohispano se estructuró formalmente en dos grandes repúblicas: la república de españoles y la república de indios. Esta organización buscaba mantener separadas las estructuras sociales, políticas y territoriales de los grupos indígenas respecto de los españoles peninsulares, criollos y castas. Cada una operaba con sus propias autoridades, jurisdicciones y formas de organización interna que definían su existencia jurídica dentro del imperio colonial.

No obstante, en la práctica cotidiana estas fronteras fueron permeables, dando lugar a una compleja estratificación basada en criterios raciales, económicos y culturales. A lo largo del virreinato surgieron múltiples grupos mestizos, afrodescendientes y asiáticos, jerarquizando socialmente a la población según su origen étnico y posición económica dentro de la sociedad colonial establecida por las autoridades metropolitanas.

En centros educativos novohispanos como la Real y Pontificia Universidad de México coincidían alumnos de distintas procedencias sociales y étnicas. Alexander von Humboldt observó que en dicha institución convivían criollos, indígenas, mestizos e incluso algunos mulatos, lo que evidenciaba cierta movilidad social limitada dentro de un sistema profundamente jerárquico donde el origen determinaba la posición social del individuo.

La Nueva España fue un territorio caracterizado por una profunda diversidad étnica, resultado de la convivencia y contacto de numerosos pueblos originarios y grupos foráneos. Entre los pueblos indígenas mesoamericanos más numerosos destacaban los nahuas, mayas, otomíes, mixtecos, zapotecos, totonacas, purépechas, entre otros, cada uno con sus propias lenguas, costumbres y estructuras sociales que persistieron a pesar de la imposición del modelo colonial.

Además, en las regiones más septentrionales habitaban pueblos aridoamericanos y de las grandes llanuras, como los apaches, comanches, coahuiltecos, rarámuris, navajos, pimas, carrizos, seris, etc., quienes mantuvieron formas de vida adaptadas a sus entornos geográficos específicos. En Florida predominaban los apalaches, timucuas y seminolas, mientras que en las Islas Filipinas, los grupos más numerosos eran los tagalos, cebuanos e ilocanos .

Por otro lado, entre la población europea predominaban los castellanos, pero también había presencia significativa de vascos, gallegos, catalanes y andaluces, además de sefardíes, moriscos y gitanos . Estos grupos aportaron diversas tradiciones culturales y lingüísticas que enriquecieron el panorama social del virreinato, aunque su integración fue gradual y condicionada por las normas legales vigentes.

En cuanto a los asiáticos, sin contar a los indígenas filipinos, se trataba de chinos, japoneses y malayos . La llegada de estos grupos introdujo nuevas dinámicas comerciales y culturales en el territorio colonial, aunque su número fue relativamente pequeño comparado con las poblaciones nativas y europeas. Los africanos llegaron mayoritariamente como esclavos, provenientes principalmente de Guinea, Cabo Verde, Congo y Angola, por lo que originalmente eran grupos hablantes de lenguas de las familias mandé y bantú .

La presencia africana en el territorio se concentró inicialmente en zonas urbanas donde trabajaban en actividades domésticas o agrícolas bajo régimen de esclavitud. Su integración social fue lenta y dependió del grado de aculturación que lograron mediante la adopción de costumbres locales y religiosas impuestas por los colonizadores europeos establecidos desde las metrópolis atlánticas.

Los grupos indígenas mesoamericanos formaban la base demográfica más numerosa del virreinato, aunque su condición jurídica variaba según el tipo de territorio donde residían: tierras reales o encomiendas. La administración colonial buscó regular sus relaciones con los españoles mediante sistemas legales específicos que protegían teórica pero no siempre efectivamente sus derechos tradicionales frente a las demandas económicas de la corona y los particulares colonos.

La diversidad étnica del territorio también incluyó poblaciones de origen asiático en Filipinas, donde los tagalos, cebuanos e ilocanos constituían la mayoría de la población local antes de la llegada masiva de administradores españoles desde España . En estas islas, las estructuras sociales existentes coexistieron con el sistema colonial impuesto por la corona española que reorganizó parcialmente las jerarquías locales bajo nuevas normas legales y religiosas.

La convivencia entre estos diversos grupos generó tensiones constantes pero también espacios de intercambio cultural significativo en mercados urbanos y zonas rurales donde convergían intereses económicos contrapuestos. Las autoridades coloniales intentaron gestionar estas interacciones mediante leyes que definían los límites de la coexistencia pacífica sin lograr siempre evitar conflictos derivados de desigualdades estructurales profundas entre las diferentes repúblicas establecidas por el sistema colonial.

Resumen

Desde 1626 hasta 1642 los españoles se establecieron en el norte de la isla de Taiwán (llamada por los portugueses Formosa ; «Hermosa» en castellano ). La organización política dividía el virreinato en reinos y capitanías generales. Los reinos fueron: México Temixtitan (1527), Nueva Galicia (1530), Guatemala (1540), Nueva Vizcaya (1562), Nuevo León (1569), Nuevo México (1598), Nueva Extremadura (1674) y Nuevo Santander (1746). Además, hubo cinco capitanías generales: Santo Domingo (1535), Yucatán (1565), Filipinas (1574), Puerto Rico (1582) y Cuba (1777). Estas subdivisiones territoriales tenían un gobernador y capitán general.

El más importante fue el marquesado del Valle de Oaxaca, propiedad de Hernán Cortés y sus descendientes.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Quién fue el primer virrey del Virreinato de Nueva España?
El primer virrey fue Antonio de Mendoza y Pacheco.
¿Cuando se creó el Virreinato de Nueva España?
Se creó en 8 de marzo de 1535.
¿Qué cargos tenían los virreyes?
Los virreyes eran el jefe supremo que comandaba a alcaldes mayores, corregidores y conserjes locales encargados de gestionar los asuntos públicos en sus respectivas jurisdicciones.
¿Cómo se organizaba la administración del Virreinato de Nueva España?
La estructura dependía enteramente de un jefe supremo, quien comandaba a alcaldes mayores y otros funcionarios locales para gestionar el territorio vasto que abarcaba.
¿Qué es este tema?
El virreinato de Nueva España funcionó como una entidad territorial integrante del Imperio español que abarcó gran parte de América del Norte bajo administración de la Monarquía Hispánica entre los siglos XVI y XIX. Esta organización política se originó tras el acontecimiento principal de la conquista, conocido como la

Redacción del artículo

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Citar este artículo

Becerra, J.L.S. (2026). Virreinato de Nueva España. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/virreinato-de-nueva-espana/

Becerra, Jorge Luis Sandoval. “Virreinato de Nueva España.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/virreinato-de-nueva-espana/

Becerra, Jorge Luis Sandoval. “Virreinato de Nueva España.” Historia Mexicana. Publicado el 16 de enero de 2026. https://historiamexicana.com/virreinato-de-nueva-espana/

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Publicado por historiamexicana.com el 16 de enero de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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Jorge Luis Sandoval Becerra

Redactor en HistoriaMexicana.com

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