Decena Trágica

La Decena Trágica fue un golpe de Estado en México en 1913, liderado por Manuel Mondragón y Félix Díaz, que puso fin a la presidencia de Francisco I Madero y marcó el inicio del período revolucionario mexicano.

05/06/2026 · Actualizado: 22/07/2026

Decena Trágica
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Se conoce como Decena Trágica al golpe de Estado militar que tuvo lugar del 9 al 19 de febrero de 1913 con el objetivo primordial de derrocar al presidente constitucional de México, Francisco I. Madero. La sublevación comenzó en la Ciudad de México cuando un grupo disidente encabezado por el general Manuel Mondragón se levantó en armas y puso en libertad a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, quienes se encontraban reclusos por insurrecciones previas. Tras tomar dependencias clave y proclamar el estado de sitio, los golpistas desataron un sangriento enfrentamiento en el corazón de la capital.

Durante los primeros combates, el general Lauro Villar, comandante militar de la plaza y leal al gobierno, resultó gravemente herido en Palacio Nacional, razón por la cual el presidente Francisco I. Madero cometió el fatal error de nombrar en su reemplazo al general Victoriano Huerta. A lo largo de diez días de conspiraciones, bombardeos e intrigas diplomáticas, Victoriano Huerta simulo la defensa del régimen mientras negociaba en secreto con la oposición. El 17 de febrero, Gustavo A. Madero descubrió la traición de Victoriano Huerta y lo condujo ante el mandatario; sin embargo, Francisco I. Madero rehusó creer las acusaciones y concedió a Victoriano Huerta un plazo adicional para probar su lealtad.

Esa misma noche, en la sede de la embajada de los Estados Unidos y con el respaldo directo del embajador Henry Lane Wilson, se firmó el Pacto de la Embajada (o Pacto de La Ciudadela) entre Victoriano Huerta y Félix Díaz, consumando la alta traición. El presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron arrestados en Palacio Nacional, sometidos a vejaciones y forzados a dimitir. El 19 de febrero, tras una efímera presidencia interina de 45 minutos encabezada por Pedro Lascuráin, Victoriano Huerta asumió el Poder Ejecutivo, ganándose el epíteto histórico de «el usurpador». La sangrienta asonada culminó trágicamente el 22 de febrero de 1913 con el cobarde asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez en las inmediaciones de la Penitenciaría de Lecumberri.

Contenido

Antecedentes Históricos y Políticos

Al asumir la Presidencia de la República tras el triunfo de la Revolución Maderista, Francisco I. Madero procuró mantener la estabilidad institucional, preservar la inversión extranjera y conciliar con los sectores económicos dominantes. Con este propósito, tomó decisiones controvertidas: conservó intacta la estructura del ejército federal porfirista, licenció a las tropas revolucionarias e integró a su administración a numerosos funcionarios afines al régimen derrocado de Porfirio Díaz. Esta política conciliadora generó un profundo desencanto entre los líderes revolucionarios más radicales, como Emiliano Zapata y Pascual Orozco, quienes consideraban que el gobierno maderista daba la espalda a las demandas campesinas y a las reformas agrarias urgentes.

Por otro lado, las oligarquías terratenientes y la burguesía porfirista repudiaban a Francisco I. Madero por considerarlo incapaz de contener la agitación social. Simultáneamente, una prensa feroz y desrestriccionada arremetió de manera sistemática contra la figura presidencial, ridiculizándolo y debilitando de forma progresiva su autoridad política. Para combatirlos alzamientos de Pascual Orozco y Emiliano Zapata, el presidente recurrió paradójicamente al propio ejército federal, encargando comandancias cruciales a generales de dudosa lealtad, entre ellos Victoriano Huerta.

Paralelamente, los sectores militares adictos al antiguo régimen conspiraban activamente. El general Bernardo Reyes, tras exiliarse en San Antonio, Texas, promulgó el Plan de la Soledad en septiembre de 1911; al fracasar su intento insurreccional, regresó a México y se entregó pacíficamente en Linares el 25 de diciembre de 1911, siendo recluido en la cárcel militar de Santiago Tlatelolco. Por su parte, el general Félix Díaz (sobrino de Porfirio Díaz) encabezó una rebelión en Veracruz el 16 de octubre de 1912 para reinstaurar el porfirismo. A pesar de ser derrotado e internado en la Penitenciaría de Lecumberri, Francisco I. Madero conmutó su pena de muerte, permitiendo que ambos generales conspiraran desde prisión.

En octubre de 1912, en La Habana, Cuba, los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, junto con el conspirador y empresario Cecilio Ocón, comenzaron a organizar un complot formal. Posteriormente visitaron a Bernardo Reyes y Félix Díaz en sus respectivos reclusorios, obteniendo su adhesión. Si bien Bernardo Reyes sugirió incorporar desde ese momento a Victoriano Huerta, este declinó momentáneamente argumentando que las condiciones aún no estaban dadas.

En el ámbito diplomático, el gobierno del presidente estadounidense William Howard Taft contemplaba con severo recelo la política maderista. La proliferación de huelgas, la exigencia de derechos laborales y la presión de sectores locales para restringir los privilegios del capital extranjero irritaron a Washington. La prensa estadounidense desató una virulenta campaña difamatoria aduciendo falta de garantías para sus ciudadanos e intereses empresariales. El embajador estadounidense en México, Henry Lane Wilson, profundamente resentido tras habérsele negado un financiamiento especial solicitado a Francisco I. Madero, exacerbó la tensión enviando informes alarmistas e instando abiertamente al derrocamiento del gobierno constitucional o a una intervención militar directa.

El Estallido de la Sublevación (9 de Febrero de 1913)

La madrugada del domingo 9 de febrero de 1913 marcó el inicio de la insurrección bélica. El general Manuel Mondragón y el general Gregorio Ruiz alzaron en armas a los cadetes de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y a la tropa del cuartel de Tacubaya. Sus objetivos inmediatos eran tres puntos estratégicos de la capital: tomar el Palacio Nacional y arrestar al secretario de Guerra, general Ángel García Peña; asaltar la prisión de Santiago Tlatelolco para liberar a Bernardo Reyes; y tomar la Penitenciaría de Lecumberri para excarcelar a Félix Díaz.

Un contingente insurgente de la Escuela de Aspirantes logró penetrar inicialmente en Palacio Nacional, capturando al ministro Ángel García Peña, a Gustavo A. Madero (quien había advertido del complot a su hermano tras pasar la noche investigando) y al intendente de la sede, Adolfo Bassó. Sin embargo, la oportuna y valerosa intervención del general Lauro Villar invirtió la situación. Apoyado por contingentes leales del 24.o Batallón y del 1.o de Caballería que entraron por los accesos posteriores, Lauro Villar sorprendió a los amotinados, recuperó el control del edificio e hizo prisioneros a los atacantes, liberando a los rehenes.
Entretanto, las fuerzas rebeldes cumplieron la misión de liberar a Bernardo Reyes y Félix Díaz. Un grupo de vanguardia comandado por Gregorio Ruiz se presentó en Palacio para exigir la rendición, pero Gregorio Ruiz fue hecho prisionero inmediatamente por los leales, entre los que destacaban el coronel Morelos y el vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio.
Poco después, la columna principal de sublevados encabezada por el propio Bernardo Reyes arribó a la Plaza de la
Constitución (Zócalo)
. Al frente de los defensores, el general Lauro Villar le salió al paso y le requirió en tres ocasiones que deponiera las armas. Bernardo Reyes intentó persuadirlo de unirse al cuartelazo, pero ante la firme negativa de Lauro Villar, arremetió a caballo contra las líneas leales. Se desató un brutal tiroteo en el que Bernardo Reyes cayó acribillado en los primeros instantes, mientras que Lauro Villar resultó herido de gravedad en el hombro izquierdo. El enfrentamiento cobró la vida de 43 leales, aproximadamente 115 rebeldes y causó más de 800 víctimas totales, en su inmensa mayoría civiles atrapados en el fuego cruzado.
Tras la muerte de Bernardo Reyes, los golpistas se replegaron en desorden. Félix Díaz y Manuel Mondragón decidieron entonces guarecerse en el edificio de La Ciudadela, un inexpugnable depósito de armas y municiones resguardado por los generales leales Rafael Dávila y Manuel P. Villareal. A las 11:30 a.m., mediante un acto de traición, los rebeldes tomaron La Ciudadela; el general Manuel P. Villareal fue herido y cobardemente rematado por la espalda. De este modo, la facción felicista se apoderó de un arsenal impresionante: 27 cañones, 8500 rifles, 100 ametralladoras, 5000 obuses y más de 20 millones de cartuchos.
A las 7:00 a.m., encontrándose en el Castillo de Chapultepec, el presidente Francisco I. Madero fue informado del estallido revolucionario. Custodiado por los cadetes del Heroico Colegio Militar y gendarmes congregados por el gobernador del Distrito Federal, Federico González Garza, el mandatario emprendió el histórico trayecto hacia Palacio Nacional en el evento recordado como la «Marcha de la Lealtad». Durante el recorrido, la caravana sufrió disparos de francotiradores apostados en la Fotografía Daguerre. Allí se sumaron su hermano Gustavo A. Madero y el general Victoriano Huerta. Ante la incapacidad física del herido general Lauro Villar, el ministro de Guerra cometió el error fatal de nombrar a Victoriano Huerta como Comandante Militar de la Plaza.
Una vez en Palacio, Francisco I. Madero envió un pelotón al mando del mayor Emiliano López Figueroa a exigir la rendición de La Ciudadela, movimiento que resultó infructuoso; los defensores leales se dispersaron y entre los sobrevivientes logró escapar el joven oficial Francisco L. Urquizo. A las 3:00 p.m., Francisco I. Madero se trasladó personalmente a Cuernavaca para solicitar el apoyo del general Felipe Ángeles, militar de intachable conducta que combatía al zapatismo.
Aquella misma noche en la capital, Victoriano Huerta ordenó el fusilamiento sumario del general Gregorio Ruiz, con el fin deliberado de silenciar a un testigo que conocía sus negociaciones previas con la trama golpista.

Desarrollo de los Combates y la Traición (10 al 17 de Febrero)

10 de febrero

El presidente Francisco I. Madero retornó a la capital junto con el general Felipe Ángeles. Pese al anhelo del mandatario de otorgarle la comandancia militar a Felipe Ángeles, el ministro Ángel García Peña se opuso para respetar el escalafón militar, manteniendo a Victoriano Huerta en el cargo. Se concentraron 6000 efectivos leales, incluyendo refuerzos al mando de Guillermo Rubio Navarrete. Desde Toluca, el general Aureliano Blanquet envió un telegrama jurando lealtad absoluta, el cual fue contestado con gratitud por el presidente. No obstante, Victoriano Huerta diseñó un plan de ataque deliberadamente deficiente para exponer a las tropas maderistas a las ametralladoras de La Ciudadela.

11 de febrero

A las 10:30 a.m. se reanudaron los fuegos. Victoriano Huerta proveyó a Felipe Ángeles únicamente con munición de metralla ineficaz contra los muros de La Ciudadela y ordenó avances frontales suicidas a través de calles despejadas. Francisco L. Urquizo atestiguó la carnicería provocada por la negligencia premeditada. Las calles se llenaron con más de 500 cadáveres de soldados y civiles, e infraestructuras emblemáticas como el Reloj Chino fueron totalmente destruidas.
Mientras tanto, Victoriano Huerta sostuvo un encuentro secreto con Félix Díaz (en la residencia de su compadre Enrique Cepeda o en el restaurante El Globo) pactando simular el sitio para desgastar al gobierno. Cuando Francisco I. Madero le reprochó la falta de resultados y el paso de víveres a los rebeldes, Victoriano Huerta mintió alegando ardid táctico, logrando de forma insólita mantener la confianza del mandatario.

12 de febrero

El bombardeo sistemático sobre la cárcel de Belén provocó un motín masivo y la fuga de reos que se unieron a Félix Díaz. Las tropas felicistas dispararon indiscriminadamente para generar pánico masivo y simular una situación de ingobernabilidad que justificara la intervención extranjera. Victoriano Huerta continuó enviando cargas masivas de rurales al matadero, incrementando el sufrimiento de los pobladores vecinos.

13 de febrero

Los obuses rebeldes alcanzaron la Puerta Mariana de Palacio Nacional, el Club Americano y el Casino Alemán.
Tomando como baluarte la torre de la iglesia del Campo Florido, los golpistas castigaron la ciudad. Aunque el gobierno recibió dos millones de cartuchos desde Veracruz, la traición interna inutilizó la superioridad logística.
Paralelamente, el embajador Henry Lane Wilson enviaba despachos profundamente tergiversados al presidente William Howard Taft solicitando la intervención armada. A través de Enrique Cepeda, el embajador urdió una conferencia tripartita con Félix Díaz y Victoriano Huerta para dar el estocada final al régimen.

14 de febrero

Arribaron refuerzos de Oaxaca y el 29.o Batallón de Toluca comandado por el general Aureliano Blanquet, quien por órdenes de Victoriano Huerta permaneció acampado en la periferia (llanos de Tlaxpana) sin entrar en combate. Dos compañías gubernamentales desertaron. Ante las amenazas de intervención naval estadounidense en las costas mexicanas, Francisco I. Madero envió un directo cablegrama al presidente William Howard Taft solicitando frenar cualquier desembarco y garantizando la seguridad de los extranjeros.

15 de febrero

Henry Lane Wilson persuadió a miembros del cuerpo diplomático europeo —entre ellos Paul von Hintze (Alemania), Francis W. Stronge (Inglaterra) y Bernardo J. Cólogan y Cólogan (España)— para exigir la renuncia de Francisco I. Madero. Exigieron sustituir a las tropas regulares por la policía capitalina; como señalaría el diplomático cubano Manuel Márquez Sterling, esta maniobra entregaba el control a la policía porfirista. El ministro de Relaciones Exteriores, Pedro Lascuráin, junto a 24 senadores opositores, pidió formalmente la dimisión al presidente, quien rechazó categóricamente la exigencia. Pocas horas después, la residencia privada de la familia Madero fue incendiada de forma criminal.

16 de febrero

Se pactó una tregua de 24 horas a las 2:00 a.m., pero los golpistas la violaron introduciendo víveres y tomando mejores posiciones de tiro. El periodista estadounidense John Kenneth Turner, autor de México Bárbaro, fue capturado por los rebeldes al fotografiar los estragos del bombardeo. Salvó la vida al ocultar su identidad y ser liberado por mediación diplomática. Cuando el coronel leal Rubén Morales propuso un ataque nocturno definitivo, Victoriano Huerta lo vetó. El secretario particular Juan Sánchez Azcona y el colaborador Alberto J. Pani alertaron al presidente de la abierta colusión entre Victoriano Huerta y conspiradores como Alberto García Granados, pero Francisco I. Madero rehusó dudar del general.

17 de febrero

El presidente William Howard Taft respondió garantizando que no había orden de desembarco, aunque admitió su dependencia de las informaciones de Henry Lane Wilson. Por la mañana, Gustavo A. Madero y Jesús Urueta descubrieron in fraganti las maniobras de traición. Gustavo A. Madero encañonó a Victoriano Huerta y lo condujo ante el presidente. Sorprendentemente, Victoriano Huerta negó todo, juró lealtad e imploró un plazo de 24 horas para aplastar la rebelión. Francisco I. Madero, en un acto fatal de ingenuidad, lo liberó y le otorgó el plazo, obligando incluso a su hermano a reconciliarse con el general. Esa misma noche, el maderista Alfredo Robles Domínguez reiteró las pruebas del complot, siendo desestimado una vez más.

Consumación del Golpe y el Pacto de la Embajada (18 de Febrero)

El martes 18 de febrero de 1913 se consumó el derrocamiento del gobierno legal a través de tres acontecimientos simultáneos:
En Palacio Nacional, el general Aureliano Blanquet ejecutó la orden de arresto contra el Ejecutivo. El coronel Teodoro Jiménez Riveroll, el mayor Pedro Izquierdo y Enrique Cepeda irrumpieron armados en el despacho presidencial. En medio de la confusión se desató un tiroteo: el maderista Marcos Hernández murió al interponerse para salvar a Francisco I. Madero, mientras el capitán Gustavo Garmendia abatió a tiros al coronel Jiménez Riveroll y al mayor Izquierdo. Al bajar al patio principal para encarar a la tropa, Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron aprisionados personalmente por Aureliano Blanquet. Dirigentes leales como Juan Sánchez Azcona, Federico González Garza, Jesús Urueta, Federico Montes y el capitán Gustavo Garmendia lograron escapar, mientras que Adolfo Bassó fue capturado.

A la 1:50 p.m., en el restaurante Gambrinus, Gustavo A. Madero, quien almorzaba confiadamente con Victoriano Huerta, fue aprehendido por una escolta de guardabosques. Poco después, el general Felipe Ángeles fue engañado y puesto bajo arresto por órdenes de Aureliano Blanquet.

A las 9:30 p.m., el embajador Henry Lane Wilson reunió a las facciones golpistas en la sede diplomática de los Estados Unidos. Victoriano Huerta asistió acompañado por Enrique Cepeda y el general Joaquín Maas Flores; por parte de La Ciudadela asistieron Félix Díaz, el general Fidencio Hernández y Rodolfo Reyes. Este último redactó el célebre Pacto de la Embajada (oficialmente Pacto de La Ciudadela). El acuerdo desconocía la administración de Francisco I. Madero y concertaba la instauración de un gobierno provisional encabezado por Victoriano Huerta, con un gabinete repartido entre felicistas y reyistas. Félix Díaz declinó integrarse al gabinete con el objeto de postularse libremente en las futuras elecciones presidenciales.
Al difundirse la noticia, las turbas felicistas incendiaron las instalaciones del periódico maderista Nueva Era. Los atribulados familiares del mandatario, incluyendo a su esposa Sara Pérez Romero y a su madre Mercedes González Treviño, buscaron refugio de emergencia en la legación diplomática de Japón.

Los Asesinatos y el Magnicidio (19 al 22 de Febrero)

19 de febrero

Durante la madrugada, en medio de parrandas en La Ciudadela, los golpistas entregaron a Gustavo A. Madero y a Adolfo Bassó a las huestes del general Manuel Mondragón. Azuzados por Cecilio Ocón y Luis Fuentes, los soldados torturaron salvajemente a Gustavo A. Madero: le vaciaron el único ojo sano, lo golpearon, lo mutilaron y lo acribillaron con 37 disparos antes de quemar su cadáver. Minutos después, Adolfo Bassó fue fusilado con entereza, dando él mismo la voz de mando al pelotón. También fue ejecutado el periodista Manuel Oviedo por rencillas personales con Manuel Mondragón.
A mediodía, el ministro cubano Manuel Márquez Sterling ofreció asilo político a los prisioneros en el crucero Cuba. Para dar apariencia de legalidad a la usurpación, Victoriano Huerta juró sobre una estatuilla de la Virgen de Guadalupe ante Pedro Lascuráin que respetaría la vida y la integridad de los reclusos si dimitían. Confiando en estas garantías, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez firmaron sus renuncias formalmente.
Pedro Lascuráin presentó las renuncias ante una Cámara de Diputados sesionando con suplentes. Pese a la digna oposición de diputados como Luis Manuel Rojas, Escudero, Alarcón y Hurtado Espinosa, la renuncia fue aceptada. Conforme a la Constitución de 1857, Pedro Lascuráin juró como presidente interino, nombró a Victoriano Huerta como ministro de Gobernación y renunció 45 minutos después, protagonizando el mandato más breve de la historia y vistiendo al golpe de un manto de falsa legalidad.


20 y 21 de febrero

Los ilustres reclusos permanecieron retenidos en Palacio Nacional. La esposa del mandatario, Sara Pérez Romero, apeló desesperadamente ante el embajador Henry Lane Wilson, quien la desestimó fríamente declarando que su esposo pagaba por los errores de su gestión. Igualmente, ante las súplicas del diputado Luis Manuel Rojas, el embajador se negó a intervenir argumentando que Francisco I. Madero volvería a tomar las armas. El 21 de febrero por la noche, Mercedes González Treviño visitó a su hijo y le reveló la atroz masacre de su hermano Gustavo A. Madero, hundiéndolo en el dolor.

22 de febrero

Los altos conspiradores —Victoriano Huerta, Félix Díaz, Manuel Mondragón, Rodolfo Reyes, Alberto García Granados y Aureliano Blanquet— acordaron la ejecución extrajudicial fingiendo un rescate simulado. Se encomendó la sangrienta tarea al mayor de rurales Francisco Cárdenas y al cabo Rafael Pimienta, respaldados por los oficiales Francisco Ugalde y Agustín Figueres. Por mediación de Cecilio Ocón, se consiguieron dos vehículos conducidos por Ricardo Hernández y Ricardo Romero (propieades de Ignacio de la Torre y Mier y Alberto Murphy).
A las 10:20 p.m., Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron despertados y notificados de que serian trasladados a la Penitenciaría de Lecumberri. El general Felipe Ángeles fue excluido del traslado por órdenes directas. Al arribar a la parte posterior del penal, Francisco Cárdenas obligó a descender a Francisco I. Madero y, ante su negativa, le disparó a quemarropa en la nuca, provocándole la muerte instantánea. José María Pino Suárez intentó escapar entre las sombras, pero fue alcanzado por los disparos de Rafael Pimienta y rematado en el suelo con 13 impactos de bala. Posteriormente, los asesinos dispararon contra los vehículos para simular un ataque armado y amenazaron de muerte a los chóferes para asegurar su silencio. Minutos más tarde, Victoriano Huerta anunciaba falsamente a los medios de comunicación que una turba armada había atacado a la escolta provocando el fatal desenlace.

Reacciones, Consecuencias y Juicio Histórico

El 23 de febrero, en una histórica y valiente sesión parlamentaria, el diputado Luis Manuel Rojas pronunció su célebre discurso «Yo acuso», denunciando formalmente al embajador Henry Lane Wilson ante la opinión pública internacional como el autor intelectual y responsable moral del derrocamiento y magnicidio de los mandatarios electos democráticamente.
Reacciones Nacionales: Aunque militares desleales como Pascual Orozco reconocieron al régimen usurpador, la indignación popular cundió rápidamente. El caudillo del sur, Emiliano Zapata, rechazó de plano las propuestas de paz de Victoriano Huerta, calificó su gobierno como un «espectáculo lúgubre» y mandó fusilar al emisario del régimen, quien era el propio padre de Pascual Orozco.
El 26 de marzo de 1913, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, proclamó el Plan de Guadalupe, desconociendo la autoridad del usurpador y asumiendo el mando del Ejército Constitucionalista. A esta causa libertadora se sumaron caudillos fundamentales como Álvaro Obregón, Francisco Villa y Pablo González, detonando una nueva y sangrienta fase de la Revolución Mexicana.
Diplomacia Internacional: El nuevo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, asumió la presidencia en marzo de 1913 y se negó categóricamente a reconocer la dictadura huertista, destituyendo de forma fulminante a Henry Lane Wilson.
El dictador Victoriano Huerta no pudo sostenerse en el poder y terminó dimitiendo el 15 de julio de 1914 tras la firma de los Tratados de Teoloyucan por parte de las fuerzas revolucionarias.
En el plano historiográfico y jurídico, expertos constitucionalistas como Felipe Tena Ramírez destacan que la Decena Trágica no constituyó una simple asonada, sino una alta traición institucional que quebrantó el orden democrático. El sangriento sacrificio de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez convirtió a ambos líderes en mártires de la democracia mexicana, mientras que la Decena Trágica quedó consignada en los anales de México como uno de los episodios más oscuros, dolorosos y definitorios del siglo XX.

Resumen

Fecha: 9 al 19 de febrero de 1913 (culminando con los asesinatos el 22 de febrero de 1913)
Lugar: Ciudad de México, Estados Unidos Mexicanos.
Líderes de la Sublevación: Manuel Mondragón, Bernardo Reyes, Félix Díaz, Victoriano Huerta.
Defensores del Gobierno: Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Lauro Villar, Felipe Ángeles, Gustavo A.
Madero.
Resultado: Derrocamiento y magnicidio del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez. Usurpación de la presidencia por el general Victoriano Huerta.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Quién lideró la Decena Trágica?
La Decena Trágica fue liderada por Manuel Mondragón y Félix Díaz.
¿Cuándo ocurrió la Decena Trágica en México?
La Decena Trágica ocurrió en 1913 en México.
¿Quién fue Francisco I Madero?
Francisco I Madero fue el presidente de México al momento del golpe de Estado liderado por la Decena Trágica.
¿Cómo se llamaba la torre donde ocurrieron los combates en La Ciudadela?
La torre donde ocurrieron los combats en La Ciudadela se llamaba Campo Florido.
¿Qué es este tema?
La Decena Trágica fue un golpe de Estado que tuvo lugar en México entre el 9 y el 19 de febrero de 1913, marcando un punto crítico en la historia política del país. Este evento no solo puso fin a la presidencia de Francisco I. Madero, sino que también sentó las bases para una serie de conflictos políticos y sociales qu

Redacción del artículo

Bibliografía

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Velázquez, R.D. (2026). Decena Trágica. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/decena-tragica/

Velázquez, Renata Domínguez. “Decena Trágica.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/decena-tragica/

Velázquez, Renata Domínguez. “Decena Trágica.” Historia Mexicana. Publicado el 05 de junio de 2026. https://historiamexicana.com/decena-tragica/

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Publicado por historiamexicana.com el 5 de junio de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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Renata Domínguez Velázquez

Redactora en HistoriaMexicana.com

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