Atlantes de Tula
01/02/2026 · Actualizado: 23/07/2026

Los atlantes de Tula constituyen cuatro figuras antropomorfas que reposan sobre la Pirámide B dentro del sitio arqueológico ubicado en el Estado de Hidalgo, México. Estas estatuas representan a Quetzalcóatl bajo su epíteto de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli, vestidas con los atributos de un guerrero tolteca que incluye un pectoral de mariposa, un átlatl y dardos. La obra se ejecutó mediante bloques de basalto ensamblados para alcanzar una altura superior a 4,5 metros, función original destinada a sujetar el techo del templo situado en la cúspide de la pirámide desde donde dominaba toda la plaza principal.
La zona arqueológica conocida como Tollan-Xicocotitlan alberga estructuras relacionadas con la clase media y refleja una remembranza hacia la cultura Teotihuacana, establecida por grupos toltecas-chichimecas del norte alrededor de 700 d.c. El esplendor urbano alcanzó su máxima expresión entre los años 900 y 1000 d.c., momento en el cual la ciudad abarcaba casi 16 km² de extensión, cifra que contrasta con el área actual representada por aproximadamente un 12% del territorio tolteca original. El edificio más relevante es el Palacio Quemado localizado al noreste de la plaza, identificado como probable axis mundi y eje central de construcción según investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Fueron descubiertos en 1940 por Jorge Ruffier Acosta junto a Raimon Galí, quien colaboró con el arqueólogo español. Posteriormente, la conservación y estudio fueron asumidos desde 2004 por Luís Gamboa. La descripción detallada de los grabados identifica un yelmo con plumas sobresalientes y hexágonos posiblemente hechos de concha bajo este elemento cefálico. A la altura del rostro destacan orejeras tubularmente alargadas, mientras que en el pecho se distingue claramente el pectoral simbólico asociado a guerreros desde épocas Teotihuacanas. El cinturón presenta un amarre al ombligo y una rodela posterior, seguido de un maxtla o taparrabos característico culturalmente. La estructura culmina con rodilleras y cacles o sandalias que ostentan representaciones de serpientes emplumadas en los costados laterales.
- Descripción Los monumentos conocidos como atlantes son cuatro figuras antropomorfas que se ubican sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tula, Estado de Hidalgo. Estas estatuas pertenecen a la cultura tolteca y miden poco más de 4,5 metros de altura total. Están labradas mediante bloques de basalto ensamblados entre sí para formar las siluetas completas. Inicialmente estas figuras sujetaban el techo del templo que se encontraba en la cima de dicha pirámide. De ahí proviene su denominación actual como atlantes. Las representaciones muestran a Quetzalcóatl bajo el nombre de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli. El personaje aparece ataviado con vestimenta de guerrero tolteca que incluye diversos elementos simbólicos y funcionales para su época histórica.
- Ubicación Los cuatro atlantes descansan sobre la Pirámide B, una estructura ubicada en el corazón de la zona arqueológica de Tula dentro del Estado de Hidalgo en México. Este sitio histórico recibe además el nombre alternativo de Tollan-Xicocotitlan y alberga las figuras antropomorfas que miden poco más de 4,5 metros de altura total. Las esculturas están labradas mediante bloques de basalto ensamblados con precisión técnica notable para la época en la cual fueron creados por la cultura tolteca. La ubicación específica del monumento permite observar desde su cima toda la plaza principal adyacente a las edificaciones ceremoniales y residenciales que conformaban el núcleo urbano antiguo.
- Historia Jorge Ruffier Acosta lideró la expedición que condujo al hallazgo de las estatuas en el año 1940, acompañado por el escritor y arqueólogo español Raimon Galí. La intervención científica se centró en la zona superior del recinto sagrado donde reposaban los bloques de basalto. Estas figuras antropomorfas forman parte integral de la cultura tolteca y fueron extraídas de su ubicación original sobre la Pirámide B. El descubrimiento permitió documentar cuatro monumentos que sustentan estructuralmente el techo del templo ubicado en la cima de la pirámide.
- Construcción Los monumentos antropomorfos conocidos como atlantes fueron esculpidos utilizando bloques de basalto ensamblados con una técnica que demuestra la destreza tolteca para labrar piedras. Estas figuras, ubicadas sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tula, Estado de Hidalgo, México, alcanzan una altura superior a los 4,5 metros y originalmente sostenían el techo del templo situado en la cima de dicha estructura piramidal. La representación iconográfica muestra al dios Quetzalcóatl bajo la denominación «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli, vestido con el atuendo completo de un guerrero tolteca que incluye detalles específicos como un pectoral de mariposa y una armadura protectora.
- Contexto
- Resumen
Descripción Los monumentos conocidos como atlantes son cuatro figuras antropomorfas que se ubican sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tula, Estado de Hidalgo. Estas estatuas pertenecen a la cultura tolteca y miden poco más de 4,5 metros de altura total. Están labradas mediante bloques de basalto ensamblados entre sí para formar las siluetas completas. Inicialmente estas figuras sujetaban el techo del templo que se encontraba en la cima de dicha pirámide. De ahí proviene su denominación actual como atlantes. Las representaciones muestran a Quetzalcóatl bajo el nombre de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli. El personaje aparece ataviado con vestimenta de guerrero tolteca que incluye diversos elementos simbólicos y funcionales para su época histórica.
En el pecho del diestro se distingue un pectoral de mariposa como elemento central de la indumentaria ceremonial. Este adorno representa a las transformaciones míticas asociadas al ciclo solar en la cosmovisión mesoamericana antigua. El símbolo indica que cuando un guerrero fallece durante una batalla, su espíritu se convierte en mariposa para acompañar al sol al amanecer según creencias documentadas. Además del pectoral, el personaje porta un átlatl y varias puntas de proyectil con dardos visibles en la mano izquierda. La figura también sostiene un cuchillo bifacial utilizado normalmente en rituales sacrificiales realizados por los toltecas.
En la superficie frontal se aprecia además una serie de grabados que detallan elementos del equipo personal del guerrero representado. Bajo el yelmo sobresalen plumas decorativas mientras que debajo de este hay unos hexágonos posiblemente hechos con elementos de concha. A la altura del rostro destacan unas orejeras de forma tubular, las cuales son peculiarmente alargadas en comparación con otras culturas vecinas. En la parte frontal se distingue un cinturón con un amarre a la altura del ombligo junto con una rodela ubicada en la parte posterior del cuerpo. La estructura culmina con unas rodilleras y unos cacles o sandalias que presentan representaciones de serpientes emplumadas en los costados laterales.
En la vista lateral derecha se distinguen una serie de armas portátiles que completan el equipo bélico descrito anteriormente para las figuras toltecas. En el hombro porta un cuchillo bifacial normalmente utilizado en sacrificios humanos dentro del contexto religioso local. Más abajo se observa un cuchillo curvo que usualmente era de obsidiana y del cual existe varios registros arqueológicos documentados por instituciones especializadas. Finalmente en la mano derecha se identifica que está agarrando una especie de jícara que sostiene otro tipo de arma consistente en puntas de proyectil con dardos listos para el combate defensivo o ofensivo según las circunstancias bélicas registradas históricamente.
Ubicación Los cuatro atlantes descansan sobre la Pirámide B, una estructura ubicada en el corazón de la zona arqueológica de Tula dentro del Estado de Hidalgo en México. Este sitio histórico recibe además el nombre alternativo de Tollan-Xicocotitlan y alberga las figuras antropomorfas que miden poco más de 4,5 metros de altura total. Las esculturas están labradas mediante bloques de basalto ensamblados con precisión técnica notable para la época en la cual fueron creados por la cultura tolteca. La ubicación específica del monumento permite observar desde su cima toda la plaza principal adyacente a las edificaciones ceremoniales y residenciales que conformaban el núcleo urbano antiguo.
Inicialmente, estas figuras funcionaron como soportes estructurales destinados sujetar el techo del templo ubicado en la cima de la pirámide donde se halla el Templo de Tlahuizcalpantecutli. De ahí proviene su denominación oficial de atlantes y también conocido con el nombre simbólico de Estrella de la Mañana para referirse a la representación divina que portan los guerreros tolteca en sus torsos. La posición elevada del edificio más importante facilita una vista panorámica hacia las estructuras semihumanas que caracterizan por su gran tamaño y demuestran la destreza artesanal de quienes labraron piedras tan pesadas para erigir este recinto sagrado dentro del paisaje geográfico regional.
El Palacio Quemado se localiza en el lado noreste de la plaza principal, aunque no forma parte directa de los soportes que sostienen al dios representado como Quetzalcóatl bajo su advocación específica. La estructura era probablemente el axis mundi del recinto sagrado según investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y servía como eje central de construcción para la ciudad fundada hacia el año 700 d.c. Esta pirámide, junto con algunos otros edificios localizados en el lugar, están relacionados con la clase media de Tula que es una remembranza de los toltecas hacia la cultura Teotihuacana y refleja influencias culturales derivadas de grupos teotihuacanos y tolteca-chichimeca del norte.
La zona arqueológica actual representa aproximadamente 12% de todo el territorio tolteca original cuya extensión alcanzaba casi 16 km² durante su esplendor fechado entre los años 900 y 1000 d.c. Este periodo histórico coincide con la consolidación urbana donde las figuras antropomorfas cumplían funciones rituales además de arquitectónicas dentro del complejo ceremonial que dominaba visualmente el paisaje urbano antiguo. La ubicación estratégica sobre la Pirámide B otorga a estas estatuas una presencia dominante en el horizonte visual desde puntos clave del asentamiento humano contemporáneo y moderno alrededor de Tollan-Xicocotitlan.
El descubrimiento arqueológico ocurrió en 1940 cuando Jorge Ruffier Acosta acompañó al joven escritor y arqueólogo español Raimon Galí para explorar las ruinas que hoy conforman el sitio protegido por instituciones culturales nacionales e internacionales. Las estructuras semihumanas se caracterizan además por su gran tamaño como muestra de la destreza técnica que tenían los toltecas para labrar piedras con herramientas disponibles en esa región geográfica específica del centro de México durante las etapas tempranas del desarrollo urbano regional documentado históricamente mediante registros escritos y excavaciones sistemáticas.
La Pirámide B sirve actualmente como plataforma museológica donde se exhiben al público general estas representaciones maestras que ilustran la cosmovisión religiosa tolteca centrada en el culto a Quetzalcóatl bajo su manifestación matutina vinculada con fenómenos astronómicos observables desde las alturas del templo principal. La conservación de estos monumentos requiere atención continua por parte de especialistas encargados de preservar el estado físico de los bloques de basalto que resistieron siglos de exposición ambiental sin perder la integridad estructural necesaria para mantener su función simbólica original dentro del contexto ceremonial tolteca documentado en fuentes etnohistóricas y arqueológicas.
Historia Jorge Ruffier Acosta lideró la expedición que condujo al hallazgo de las estatuas en el año 1940, acompañado por el escritor y arqueólogo español Raimon Galí. La intervención científica se centró en la zona superior del recinto sagrado donde reposaban los bloques de basalto. Estas figuras antropomorfas forman parte integral de la cultura tolteca y fueron extraídas de su ubicación original sobre la Pirámide B. El descubrimiento permitió documentar cuatro monumentos que sustentan estructuralmente el techo del templo ubicado en la cima de la pirámide.
Los bloques ensamblados miden poco más de 4,5 metros de altura y representan a Quetzalcóatl bajo su epíteto de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli. La iconografía incluye un pectoral de mariposa que simboliza al guerrero tolteca en batalla. El arqueólogo identificó también el uso del átlatl, dardos y un arma curva característica de las representaciones militares de esta civilización. Un cuchillo de pedernal se encuentra junto con otras herramientas liticas labradas en la superficie basal.
La intervención de Jorge Ruffier Acosta reveló detalles sobre la destreza técnica que poseían los artesanos toltecas para trabajar piedras tan voluminosas. El edificio donde se encontraron las estatuas corresponde al Templo de Tlahuizcalpantecutli, también conocido como «Estrella de la Mañana». Desde esta posición elevada se domina visualmente toda la plaza principal del centro urbano antiguo. La estructura semihumana muestra grabados que detallan el yelmo con plumas sobresalientes en su parte superior.
Bajo las plumas del casco se observan hexágonos que posiblemente funcionaban como elementos de concha decorativa o funcional. Las orejeras tubulares destacan por ser peculiarmente alargadas en la composición facial de la figura. En el pecho se distingue un cinturón con amarre a la altura del ombligo y una rodela posicionada en la parte posterior del torso. El maxtla o taparrabos cierra la vestimenta inferior, mientras que las rodilleras protegen las extremidades inferiores.
Los pies de los atlantes descansan sobre cacles o sandalias con representaciones de serpientes emplumadas en sus costados laterales. En el hombro derecho porta un cuchillo bifacial normalmente utilizado para rituales sacrificiales y tiene forma de hoja de planta. Más abajo se observa un cuchillo curvo que usualmente era fabricado con obsidiana según los registros arqueológicos existentes. Finalmente, la mano derecha sostiene una jícara mientras agarrada en ella lleva puntas de proyectil dispuestas como dardos listos para el combate.
La vista lateral izquierda muestra claramente cómo se identifica un atlatl que servía como extensión del brazo donde se colocaba una flecha. Con un movimiento de caderas permitía ser lanzada a mucho mayor velocidad y precisión durante los enfrentamientos bélicos. La mano izquierda sostiene este arma mientras la otra mantiene las puntas de proyectil listas para el uso en batalla. Estos elementos confirman que las figuras representan guerreros armados con todo su equipo ceremonial y funcional.
El hallazgo realizado por Raimon Galí y su compañero proporcionó evidencia tangible sobre los grupos teotihuacanos y toltecas-chichimecas del norte en la fundación de Tula. La estructura era probablemente el axis mundi del recinto sagrado según las investigaciones posteriores realizadas por instituciones especializadas como el INAH. El esplendor urbano se ha fechado entre los años 900 y 1000 d.c., periodo durante el cual la ciudad alcanzó casi 16 km² de extensión territorial total.
La zona arqueológica actual representa aproximadamente solo un doce porciento del territorio tolteca original que existió en aquella época histórica específica. La intervención científica permitió comprender mejor las relaciones entre los grupos fundadores y su organización social jerarquizada dentro del centro urbano. Los bloques de basalto ensamblados demuestran la capacidad logística para mover materiales pesados desde canteras lejanas hacia el sitio ceremonial principal.
La representación iconográfica combina atributos divinos con equipamiento militar real utilizado por los guerreros toltecas en sus campañas expansionistas regionales. El pectoral de mariposa adquiere transformaciones simbólicas que vinculan la muerte del guerrero con la metamorfosis solar al amanecer según las creencias religiosas locales. Estas representaciones se encuentran sobre una pirámide cuya función principal era sostener el techo del templo ubicado en su cima sagrada.
El descubrimiento de estas figuras antropomorfas cambió concretamente la comprensión académica sobre los métodos constructivos empleados por la élite gobernante tolteca durante el siglo X d.c.. Las estructuras semihumanas se caracterizan por su gran tamaño que ilustra la destreza técnica para labrar piedras con precisión milimétrica. La intervención de Jorge Ruffier Acosta en 1940 documentó cuatro monumentos que sustentan estructuralmente el techo del templo ubicado en la cima de la pirámide B.
La presencia de estos bloques de basalto ensamblados indica una planificación urbana compleja donde cada elemento tenía un propósito funcional y simbólico específico dentro del cosmos tolteca. El artefacto arqueológico más importante es el llamado Palacio Quemado que se localiza en el lado noreste de la plaza principal adyacente a estas estructuras monumentales. Esta pirámide está relacionada con la clase media de Tula como remembranza hacia la cultura Teotihuacana anterior y posterior.
El hallazgo realizado por Raimon Galí permitió establecer cronologías precisas para el periodo comprendido entre los años 900 y 1000 d.c.. La intervención científica reveló que Tula tenía casi 16 km² de extensión durante su apogeo histórico máximo documentado en las fuentes arqueológicas. Actualmente la zona representa solo aproximadamente un doce porciento del territorio
Construcción Los monumentos antropomorfos conocidos como atlantes fueron esculpidos utilizando bloques de basalto ensamblados con una técnica que demuestra la destreza tolteca para labrar piedras. Estas figuras, ubicadas sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tula, Estado de Hidalgo, México, alcanzan una altura superior a los 4,5 metros y originalmente sostenían el techo del templo situado en la cima de dicha estructura piramidal. La representación iconográfica muestra al dios Quetzalcóatl bajo la denominación «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli, vestido con el atuendo completo de un guerrero tolteca que incluye detalles específicos como un pectoral de mariposa y una armadura protectora.
El análisis detallado del equipo militar tallado en las rocas revela la presencia de elementos distintivos tales como un átlatl, dardos, un cuchillo de pedernal y una arma curva característica de esta cultura guerrera. En el hombro izquierdo se distingue claramente un cuchillo bifacial que normalmente era utilizado para realizar sacrificios rituales, presentando forma de hoja de planta según los registros visuales conservados en la superficie del basalto. Más abajo en la misma zona lateral izquierda aparece un cuchillo curvo fabricado con obsidiana, material volcánico frágil pero afilado que ha dejado varios registros arqueológicos sobre su uso frecuente en contextos ceremoniales y de combate dentro de las comunidades toltecas.
La parte frontal del torso presenta grabados elaborados que incluyen un pectoral de mariposa, símbolo sagrado desde épocas Teotihuacanas que representa la transformación espiritual del guerrero al morir en batalla para acompañar al sol al amanecer. Debajo de este adorno se observa un cinturón con un amarre a la altura del ombligo y una rodela ubicada estratégicamente en la parte posterior del cuerpo para proteger el flanco derecho durante los enfrentamientos armados. La estructura corporal continúa hacia abajo mostrando un maxtla o taparrabos característico que cubría las caderas, seguido de unas rodilleras robustas diseñadas para permitir movilidad sin comprometer la protección contra impactos enemigos en zonas bajas.
Las extremidades inferiores terminan con unos cacles o sandalias decorados con representaciones tridimensionales de serpientes emplumadas situadas específicamente en los costados del calzado, integrando elementos mitológicos directamente en el equipamiento personal del dios guerrero. En la mano derecha se identifica una jícara que sostiene puntas de proyectil asociadas a dardos listos para ser lanzados con precisión letal hacia objetivos distantes durante campañas militares organizadas por las autoridades toltecas. La ejecución artística de estas armas y accesorios demuestra un conocimiento profundo de los materiales disponibles en la región volcánica del centro de México, permitiendo crear piezas duraderas capaces de resistir el paso del tiempo sin perder sus detalles ornamentales fundamentales para la identidad cultural representada.
La ubicación exacta de estos monumentos corresponde a la zona arqueológica de Tula, donde las estructuras semihumanas se encuentran en la parte superior del Templo de Tlahuizcalpantecutli desde el cual es posible apreciar toda la extensión de la plaza principal circundante. El edificio más importante localizado cerca de estas figuras es el llamado Palacio Quemado que se localiza en el lado noreste de dicha plaza, siendo según investigaciones institucionales probablemente el axis mundi del recinto sagrado y por lo tanto el eje central de construcción de toda la ciudad durante su período de mayor esplendor. La relación espacial entre los atlantes y las otras estructuras arquitectónicas refleja una planificación urbana cuidadosa donde cada elemento cumplía funciones rituales específicas dentro del sistema cosmogónico tolteca que vinculaba a los dioses con las actividades humanas en el plano terrenal.
La identificación precisa de los materiales utilizados para la creación de estas estatuas confirma el uso predominante del basalto, roca ígnea extrusiva comúnmente encontrada en las zonas volcánicas cercanas al sitio arqueológico donde se extraían bloques adecuados para trabajos monumentales de esta magnitud. La elección de este material específico responde a consideraciones prácticas relacionadas con la disponibilidad local y propiedades físicas como dureza y resistencia que permitieron completar el ensamblaje de múltiples piezas en una sola figura coherente desde un punto de vista estructural. Los procesos técnicos empleados por los artesanos toltecas para transformar bloques crudos en figuras antropomorfas detalladas demuestran capacidades avanzadas de ingeniería civil aplicadas a contextos religiosos y políticos que requerían manifestaciones visuales permanentes de poder divino y autoridad humana concentrada en la élite gobernante.
La conservación del estado actual de las superficies talladas permite observar con claridad los grabados comenzando desde la parte superior hasta llegar a los pies, revelando una serie de detalles iconográficos que han sido estudiados por investigadores especializados responsables de investigación y conservación e investigación de la zona arqueológica desde el año 2004. Las orejeras de forma tubular destacan peculiarmente alargadas en la altura del rostro mientras que bajo el yelmo sobresalen plumas ornamentales que completan la imagen guerrera completa atribuida a esta representación divina asociada con funciones protectoras y militares dentro del panteón tolteca. La precisión en la ejecución de cada detalle, desde las puntas de los dardos hasta las escamas de las serpientes emplumadas en el calzado, evidencia un nivel de especialización técnica que trasciende lo meramente decorativo para convertirse en una declaración política sobre la identidad cultural y militar del grupo humano que habitó esta región durante su apogeo histórico.
La integración de símbolos religiosos como el pectoral de mariposa con elementos bélicos como los dardos y el atlatl crea un discurso visual complejo donde lo sagrado y lo profano se entrelazan en una sola composición artística destinada a ser vista desde la cima del templo hacia abajo por quienes participaban en ceremonias públicas o procesiones rituales. La presencia de armas específicas como el cuchillo bifacial para sacrificios junto con proyectiles destinados
Contexto
Cultural Los bloques de basalto ensamblados forman cuatro figuras antropomorfas que se encuentran sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tula, Estado de Hidalgo. Estas estatuas miden poco más de 4,5 metros de altura y representan a Quetzalcóatl bajo el nombre de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli. La vestimenta guerrera incluye un pectoral de mariposa que simboliza al caído en batalla quien acompaña al sol, además de un átlatl y dardos. El contexto cultural se vincula con los grupos toltecas-chichimecas del norte durante la fundación de Tula hacia el año 700 d.c., momento en el cual surgieron las primeras estructuras relacionadas con esta identidad regional
Inicialmente, estas figuras sujetaban el techo del templo ubicado en la cima de la pirámide antes de su desplazamiento actual. La representación integra elementos como un cuchillo de pedernal y una arma curva característica de los registros guerreros toltecas. Esta iconografía refleja las influencias teotihuacanas que perduran en la arquitectura local, evidenciando cómo la clase media de Tula mantuvo reminiscencias hacia esa cultura anterior mientras desarrollaba su propia identidad entre los años 900 y 1000 d.c.. El esplendor urbano alcanzó una extensión casi de 16 km² durante ese periodo histórico específico.
La zona arqueológica actual solo representa aproximadamente el 12% del territorio tolteca original que se extendía en esa época histórica. Los monumentos semihumanos exhiben la destreza para labrar piedras, demostrando habilidades técnicas avanzadas dentro de la región mexicana. El edificio más importante localizado cerca es el llamado Palacio Quemado, situado en el lado noreste de la plaza principal según las investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este recinto sagrado funcionaba como axis mundi, estableciendo un eje central para toda la construcción urbana y religiosa de la ciudad.
El descubrimiento ocurrió en 1940 cuando el arqueólogo Jorge Ruffier Acosta exploró las ruinas acompañado del escritor español Raimon Galí. La conservación e investigación posterior ha sido responsabilidad de especialistas como Luís Gamboa, quien lidera los esfuerzos desde el año 2004. Los grabados visibles incluyen un yelmo con plumas, hexágonos posiblemente hechos de concha y orejeras tubularmente alargadas en la altura del rostro. En la parte frontal se distingue también un cinturón con amarre a nivel del ombligo junto con una rodela en la zona posterior que completa el equipo protector del guerrero representado.
La estructura culmina visualmente con unas rodilleras y unos cacles o sandalias decoradas con serpientes emplumadas en los costados laterales. En la vista lateral derecha se distinguen armas específicas como un cuchillo bifacial usado para sacrificios, cuya forma imita una hoja de planta natural. Más abajo aparece un cuchillo curvo usualmente fabricado de obsidiana y registrado arqueológicamente con frecuencia en el sitio. Finalmente, en la mano izquierda del monumento se identifica claramente un atlatl que servía como extensión del brazo humano mediante inserción de flecha para su lanzamiento preciso a gran velocidad gracias al movimiento cadera.
Resumen
Los monumentales atlantes de Tula son cuatro figuras antropomorfas labradas en bloques de basalto que miden poco más de 4,5 metros y se ubican sobre la Pirámide B del sitio arqueológico Tollan-Xicocotitlan en el Estado de Hidalgo. Estas estatuas representan a Quetzalcóatl bajo su advocación como Estrella de la Mañana o Tlahuizcalpantecuhtli, quien viste indumentaria de guerrero tolteca y porta un pectoral de mariposa junto con elementos bélicos tales como dardos, un átlatl extendido del brazo para lanzar flechas y armas curvas características. Inicialmente estas figuras sostenían el techo del templo situado en la cima de dicha pirámide desde donde era posible apreciar toda la plaza principal adyacente al recinto sagrado, función estructural que les otorgó su denominación actual antes de sufrir un deterioro progresivo con el paso del tiempo histórico dentro del contexto mesoamericano antiguo
El esplendor alcanzado por los grupos toltecas-chichimecas se refleja en el tamaño y la destreza técnica para labrar piedras tan pesadas, mientras que las investigaciones indican que la estructura era probablemente el axis mundi del recinto sagrado y eje central de construcción de la ciudad fundada hacia el año 700 d.c. Fue descubierta por Jorge Ruffier Acosta junto a Raimon Galí en 1940, siendo posteriormente analizada desde 2004 por Luís
Gamboa quien identificó grabados que comienzan la descripción desde la parte superior del monumento donde se aprecian representaciones de serpientes emplumadas y un maxtla o taparrabos característico. La zona arqueológica actuaba como recordatorio hacia la cultura Teotihuacana en sus cimientos fundacionales realizados durante ese periodo histórico específico, evidenciando una remembranza cultural entre los teotihuacanos y los toltecas-chichimecas del norte que conformaron esta importante urbe cuya extensión total superaba los 16 km².
Preguntas & Respuestas (FAQ)
- ¿Qué cultura representan estos atlantes?
- Estos atlantes representan a la cultura tolteca, que era una civilización importante del sureste de México.
- ¿Cuál es el significado simbólico del pectoral de mariposa en los atlantes de Tula?
- El pectoral de mariposa simboliza al guerrero tolteca y su transformación mítica durante batallas.
- ¿Qué tipo de armas portaban estos atlantes según el artículo?
- Los atlantes de Tula portaban un átlatl, dardos y una especie de cuchillo bifacial.
- ¿Dónde se encuentran los atlantes de Tula?
- Se encuentran sobre la Pirámide B en el sitio arqueológico de Tolla, México.
- ¿Qué es este tema?
- Los atlantes de Tula constituyen cuatro figuras antropomorfas que reposan sobre la Pirámide B dentro del sitio arqueológico ubicado en el Estado de Hidalgo, México. Estas estatuas representan a Quetzalcóatl bajo su epíteto de «Estrella de la Mañana» o Tlahuizcalpantecuhtli, vestidas con los atributos de un guerrero tol
Redacción del artículo
Bibliografía
- Historia de México , escrito por Luis Chávez Orozco.
- Acta politécnica mexicana , Volumen 2, página 73.
- Historia de México , escrito por Íñigo Fernández Fernández.
- Historia general de España y América ( enlace roto disponible en Internet Archive ; véase el historial , la primera versión y la última ). , volumen 10, número 1, escrito por Rialp, Ediciones, S.A.
Citar este artículo
Benítez, M.T. (2026). Atlantes de Tula. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/atlantes-de-tula/
Benítez, Mariana Torres. “Atlantes de Tula.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/atlantes-de-tula/
Benítez, Mariana Torres. “Atlantes de Tula.” Historia Mexicana. Publicado el 01 de febrero de 2026. https://historiamexicana.com/atlantes-de-tula/
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}Links externos
- «antropomorfo»dle.rae.es
- Los imponentes atlantes de Tulacoctel-de-ciencias.blogs.quo.es
- Tula: guía oficialbooks.google.es
- «D Todo - Atlantes de Tula (11/03/2020) - YouTube»youtube.com
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Publicado por historiamexicana.com el 1 de febrero de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.
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