Sor Juana Inés de la Cruz

Reconocida como la Décima Musa y una de las figuras más eminentes del Siglo de Oro en español, sor Juana Inés de la Cruz revolucionó la literatura barroca del siglo XVII a través de su vasta producción de poesía, teatro y ensayos. Desde su precoz infancia rural hasta su consagracion en el claustro jerónimo, su apasionada defensa del conocimiento y su deslumbrante dominio de las letras la consolidaron como un hito fundamental en la historia cultural de Hispanoamérica.

05/08/2026 · Actualizado: 05/08/2026

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Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, conocida universalmente como sor Juana Inés de la Cruz o Juana de Asbaje, fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo, escritora y filósofa novohispana de origen vasco. Considerada por numerosos autores como de nacionalidad mexicana y como una de las figuras más eminentes del Siglo de Oro de la literatura en español y del barroco hispano, cultivó la lírica, la dramaturgia, el auto sacramental y la prosa, incorporando además la lengua náhuatl en sus composiciones poéticas. Su vasta y refinada obra literaria e intelectual le valió en su época el sobrenombre de «la Décima Musa».

Nacida en la hacienda de La Celda, en San Miguel Nepantla, y fallecida en la Ciudad de México durante una epidemia en el Convento de San Jerónimo, su vida transcurrió en el seno de la sociedad novohispana del siglo XVII. Estuvo vinculada a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar, marqués de Mancera, e ingresó posteriormente a la vida monástica guiada por sus aspiraciones de conocimiento. Contó con el mecenazgo de prominentes figuras de la época, como los propios marqueses de Mancera, el arzobispo virrey Payo Enríquez de Rivera y los marqueses de la Laguna de Camero Viejo, quienes impulsaron la publicación de sus escritos en la España peninsular. Junto con Bernardo de Balbuena, Juan Ruiz de Alarcón y Carlos de Sigüenza y Góngora, ocupó un sitio de primer orden en la producción literaria del Reino de México.

Contenido

Orígenes y primeros años

La fecha de nacimiento de sor Juana Inés de la Cruz ha sido objeto de debate historiográfico. La historiografía tradicional basada en el relato de su primer biógrafo, el jesuita Diego Calleja en la obra Fama y obras póstumas (1700), situaba su natalicio el 13 de noviembre de 1651. No obstante, el descubrimiento en 1952 de un acta de bautismo fechada el 5 de diciembre de 1648 en la parroquia de Chimalhuacán por parte del historiador Guillermo Ramírez España —publicada por Alberto G. Salceda— propuso la hipótesis de 1648. Investigadores como Octavio Paz, Antonio Alatorre y Guillermo Schmidhuber han aceptado la validez de dicho documento, en el que figuran sus tíos como padrinos de una niña registrada como «hija de la Iglesia». Por el contrario, especialistas como Georgina Sabat de Rivers, Lourdes Aguilar Salas y Alejandro Soriano Vallés han sostenido que la fecha de 1651 resulta más admisible. Argumentan que las actas rurales de la época podían registrarse con meses o años de retraso —conforme a los estudios de Robert McCaa— y sostienen que el hallazgo por Schmidhuber de una segunda partida en Chimalhuacán del 23 de julio de 1651 a nombre de «María hija de la Iglesia», correspondiente a su hermana menor, imposibilitaría un nacimiento previo en 1651. Ante la falta de documentos absolutos, la postura historiográfica más rigurosa mantiene la disyuntiva entre 1648 y 1651.

Respecto a su filiación familiar, fue la segunda de tres hijas de Pedro de Asuaje y Vargas Machuca e Isabel Ramírez de Santillana. Sus padres nunca contrajeron matrimonio eclesiástico. Investigaciones documentales de Schmidhuber señalan que su padre arribó a la Nueva España siendo niño, según el Permiso de Paso de 1598, acompañado por su abuela viuda María Ramírez de Vargas, su madre Antonia Laura Majuelo y su hermano Francisco de Asuaje, quien ingresó a la orden de predicadores. Su madre, nacida en la familia de Pedro Ramírez de Santillana y Beatriz Ramírez Rendón en Huichapan (territorio del Marquesado del Valle), se trasladó con sus allegados hacia 1635 a San Miguel Nepantla, en la región de Chalco, para arrendar a los dominicos la hacienda «La Celda», lugar donde nació Juana Inés. Tras separarse de Pedro de Asuaje, su madre procreó otros tres hijos con Diego Ruiz Lozano, con quien tampoco se casó. Aunque sor Juana afirmó en su testamento de 1669 ser «hija legítima», el testamento materno de 1687 confirmó que todos los hijos fueron concebidos fuera del matrimonio.

La infancia de la poetisa transcurrió entre las localidades de Amecameca, Yecapixtla, Panoaya —donde su abuelo materno administraba una hacienda de siembra de trigo y maíz— y Nepantla. En este entorno rural aprendió la lengua náhuatl hablada por los habitantes locales. Tras la muerte de su abuelo en 1656, su madre asumió la gestión de las fincas. A la temprana edad de tres años, Juana Inés aprendió a leer y escribir tomando lecciones a escondidas con su hermana mayor. Su afición por el conocimiento la llevó a explorar la biblioteca de su abuelo, leyendo a autores clásicos griegos, romanos y tratados teológicos. En su afán de saber, llegó a solicitar a su madre que la enviase a la Real y Pontificia Universidad de México disfrazada de varón, e imponía castigos a su propio aprendizaje cortándose el cabello si no lograba memorizar las lecciones. Entre 1657 y 1659 compuso una loa al Santísimo Sacramento que le valió ganar un libro como premio.

Etapa cortesana e ingreso a la vida religiosa

Hacia 1656, la joven se trasladó a la Ciudad de México para residir en la vivienda de su tía María Ramírez y de su esposo Juan de Mata, permanencia que se extendió hasta aproximadamente 1664. Entre 1664 y 1665 ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, incorporándose como dama de compañía de la virreina Leonor de Carreto, quien se convirtió en su primera gran mecenas y protectora. La corte virreinal funcionaba como un relevante centro intelectual donde convergían teólogos, filósofos, matemáticos e historiadores. En dicho espacio social, la joven destacó por su producción poética y erudición; el propio virrey convocó a un certamen donde un grupo de sabios humanistas examinó públicamente a Juana Inés, superando el examen con pleno éxito.

Guiada por su deseo de declinar el matrimonio y dedicarse de manera exclusiva a las actividades intelectuales, buscó integrarse a la vida monástica. Con el asesoramiento de su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, y tras recibir lecciones de latín impartidas por Martín de Olivas, realizó un primer intento de profesar con las carmelitas descalzas. Sin embargo, la extrema rigidez de la regla afectó su salud. En 1669 ingresó definitivamente en el Convento de San Jerónimo de la Orden de San Jerónimo, cuya disciplina más flexible le permitió contar con una celda de dos pisos, sirvientas y disponer del tiempo necesario para administrar el convento, estudiar, escribir y sostener reuniones de carácter intelectual.

Durante su vida en el claustro mantuvo una continua relación con el ámbito virreinal. En 1673, tras el relevo del virrey de Mancera y el fallecimiento de Leonor de Carreto en Tepeaca, redactó elegías fúnebres en su honor, destacando el soneto «De la beldad de Laura enamorados». Posteriormente, en 1680, ante la llegada del virrey Tomás de la Cerda y Aragón, marqués de la Laguna, le fue encomendada la creación del arco triunfal de bienvenida a la capital, obra que materializó bajo el título Neptuno alegórico. Este trabajo motivó la protección y amistad de los nuevos virreyes, de manera especial de la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes, quien conservó escritos, retratos e insignias de la poetisa y llevó sus obras a la España peninsular para su impresión. El periodo de gobierno de los marqueses de la Laguna (1680-1686) constituyó la etapa de mayor esplendor literario de sor Juana.

Conflictos teológicos y últimos años

A finales de la década de 1690, sor Juana Inés de la Cruz se vio envuelta en una controversia pública a raíz de sus comentarios privados sobre un sermón del predicador jesuita António Vieira relativo a las finezas de Cristo. La crítica fue publicada en noviembre de 1690 en Puebla de Zaragoza por el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz bajo el título de Carta atenagórica. El prelado acompañó la edición con una misiva suscrita bajo el seudónimo de «sor Filotea de la Cruz», en la cual recriminaba a la monja su dedicación a las materias profanas y le instaba a volcar su talento en el estudio de las ciencias divinas.

En marzo de 1691, sor Juana respondió mediante la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, texto en el que defendió el derecho de las mujeres a la educación y al ejercicio de la vida intelectual, argumentando que las diversas ramas del saber humano servían de sustento indispensable para la comprensión de las Sagradas Escrituras. Diversas hipótesis historiográficas han analizado el trasfondo sociopolítico de esta disputa. Autores como Darío Puccini y Octavio Paz sugieren que la publicación instrumentó una pugna entre el obispo de Puebla y el arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas —admirador de Vieira y conocido por sus posturas rigoristas contra las representaciones teatrales y la literatura profana—. Por su parte, investigadoras como Stephanie Marrim o filólogos como Antonio Alatorre y Martha Lilia Tenorio han cuestionado las explicaciones conspirativas, argumentando que el escrito nació como un encargo directo tras debates teológicos en el convento y que su defensa representó una postura personal sobre su derecho al conocimiento.

Entre 1692 y 1693, el contexto social del virreinato se vio alterado por rebeliones en el norte, motines urbanos contra el Real Palacio y brotes epidémicos. En esta etapa transcurrió el deceso de allegados a la poetisa, entre ellos el conde de Paredes y Juan de Guevara. Hacia 1693, sor Juana cesó su producción escrita y acentuó sus prácticas religiosas, renovando sus votos solemnes en 1694 y plasmando en las actas del convento la firma «yo, la peor del mundo». Mientras algunos analistas han interpretado esta renuncia como resultado de presiones ecónomicas y misóginas impuestas por la jerarquía eclesiástica, estudios basados en el testamento del presbítero José de Lombeyda revelan que la propia monja encomendó la venta de sus libros e instrumentos para destinar los fondos recaudados al auxilio de los pobres a través del arzobispado.

A principios de 1695 se declaró una severa epidemia en la Ciudad de México que afectó drásticamente a las residentes del Convento de San Jerónimo. Tras abnegarse al cuidado de las religiosas enfermas, sor Juana contrajo la infección y falleció el 17 de abril de 1695. Sus honras fúnebres contaron con la presencia del cabildo catedralicio, siendo presididas por el canónigo Francisco de Aguilar y acompañadas por la oración fúnebre pronunciada por Carlos de Sigüenza y Góngora. Sepultada en el coro bajo del convento, sus presuntos restos fueron exhumados durante intervenciones arqueológicas realizadas en 1978 en el centro histórico de la capital novohispana.

Producción dramática

La labor teatral de sor Juana Inés de la Cruz abarcó géneros profanos y religiosos. En la comedia de enredos destaca Los empeños de una casa, representada por primera vez el 4 de octubre de 1683 en el marco de los festejos por el nacimiento del hijo del virrey conde de Paredes. La pieza recupera la tradición calderoniana y de Guillén de Castro —asociada a comedias como La dama duende o Casa con dos puertas mala es de guardar—, articulated mediante una intriga compleja y la figura de una protagonista femenina fuerte, encarnada en el personaje de doña Leonor.

Su otra comedia profana, Amor es más laberinto, fue estrenada el 11 de febrero de 1689 para celebrar la toma de posesión del virrey Gaspar de la Cerda y Mendoza. Escrita en colaboración con Juan de Guevara —quien redactó la segunda jornada—, la trama reelabora el mito griego de Teseo, Ariadna, Fedra y el Minotauro. El héroe Teseo es presentado según las características del arquetipo barroco desarrollado por autores como Juan Ruiz de Alarcón. Asimismo, Guillermo Schmidhuber formuló en 1989 la hipótesis de que sor Juana redactó la jornada final de La segunda Celestina, comedia inconclusa del dramaturgo Agustín de Salazar y Torres fallecido en 1675; esta atribución fue respaldada por Octavio Paz y Luis Leal, aunque rechazada por Antonio Alatorre y José Pascual Buxó.

En el campo del teatro sacro, compuso tres autos sacramentales destinados a ser representados en la corte de Madrid: El divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento. El divino Narciso, publicado en 1689, constituye su obra cumbre en este género. Mediante la transposición alegórica del mito de Narciso para personificar a Jesucristo, la autora integra diálogos entre personajes abstractos como Naturaleza Humana, Sinagoga, Gentilidad, Eco y Soberbia. La obra incluye además una loa inicial articulada con un rito náhuatl (tocotín) dedicado a Huitzilopochtli, vinculando de manera sincrética la espiritualidad indígena novohispana con la teología eucarística del cristianismo.

Por su parte, El cetro de José, publicado en Madrid en 1692 dentro del segundo tomo de sus obras, se clasifica como un auto vétero-testamentario que equipara la historia bíblica del patriarca José en Egipto con la Eucaristía, abordando la problemática de los sacrificios humanos prehispánicos. En tanto, El mártir del sacramento aborda de forma hagiográfica e histórica el martirio del príncipe visigodo San Hermenegildo frente a las exigencias de su padre Leovigildo, tomando como base documental la Historia general de España de Juan de Mariana.

Obra lírica y poética

La producción poética de sor Juana Inés de la Cruz representa aproximadamente la mitad de toda su obra escrita. Su lírica se adscribe al barroco tardío y combina influencias del culteranismo de Luis de Góngora con el conceptismo de Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca. Métrica y formalmente, empleó sonetos, romances, redondillas y formas populares, sustentando su poética en el uso recurrente del hipérbaton, las referencias a la mitología grecolatina y el dominio formal del verso, aspecto destacado por métricos como Tomás Navarro Tomás.

Su poesía amorosa asume las convenciones del amor cortés medieval, el petrarquismo renacentista, las propuestas neoplatónicas de León Hebreo y Baltasar Castiglione, así como el neoestoicismo barroco. En sus composiciones cortesanas o de amistad, dedicadas predominantemente a la virreina María Luisa Manrique de Lara (a quien llamaba «Lisi»), se advierte una idealización neoplatónica desligada de aspectos carnales. En otros poemas de casuística amorosa confronta el impulso de la pasión frente a la luz de la razón.

Asimismo, desarrolló una destacada vertiente de poesía satírica y jocosa. Su célebre redondilla «Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón» cuestiona las contradicciones morales y la conducta de los varones de su tiempo. No obstante, mientras que autores como Octavio Paz han resaltado el carácter pionero de este escrito en la defensa del género femenino, filólogos como Antonio Alatorre inscriben el poema dentro de la tradición de censura moral a la hipocresía seductora presente en autores clásicos.

Entre sus escritos líricos resalta Primero sueño, poema de 975 versos publicado en 1692 y la única obra que la autora declaró haber escrito por iniciativa propia. Inspirado formalmente en las Soledades de Góngora, la pieza describe el viaje nocturno del alma que se libera temporalmente del cuerpo durante el sueño para intentar comprender la totalidad del universo creado. El texto incorpora referentes filosóficos de la Patrística, Pseudo Dionisio Areopagita, Plotino, Marsilio Ficino, Nicolás de Cusa, el Somnium Scipionis de Cicerón, la obra de Séneca, de Francisco de Trillo y Figueroa, San Buenaventura y las tesis herméticas de Atanasio Kircher. La narración expone el fracaso del alma tanto por la vía de la intuición directa como por la vía del método deductivo de las categorías aristotélicas —articuladas a partir de la teoría de las imágenes y la fantasía expuestas en el libro tercero de De Anima de Aristóteles—, concluyendo con el despertar fisiológico y el retorno de la luz diurna.

Ensayos en prosa, loas y villancicos

La obra en prosa de sor Juana presenta una estructura caracterizada por el uso de oraciones coordinadas y yuxtapuestas, orientadas a la precisión conceptual. Su primer gran texto en prosa fue el Neptuno alegórico, publicado en 1680 para contextualizar el arco triunfal erigido a la llegada del virrey marqués de la Laguna. Dividido en «Dedicatoria», «Razón de la fábrica» y «Explicación del arco», el texto apela a la figura de Neptuno para simbolizar las virtudes de los gobernantes, entroncando la mitología clásica con conceptos políticos de la época.

En el ámbito teológico y expositivo, la Carta atenagórica de 1690 analizó de manera crítica el Sermón del Mandato dictado décadas atrás por el jesuita António Vieira. Haciendo uso del silogismo y la casuística académica, sor Juana argumentó la falibilidad de las interpretaciones teológicas elaboradas por el ser humano. Su posterior defensa, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691), constituyó una autobiografía intelectual donde enumeró a mujeres doctas de la Antigüedad, como la filósofa neoplatónica Hipatia, para justificar la necesidad del aprendizaje de las ciencias humanas en la formación personal. En 1694 dejó inscrita además la Protesta de la fe, documento donde reafirmó de manera solemne sus votos religiosos.

Por otra parte, compuso doce loas destinadas a celebraciones cortesanas y ceremonias teológicas. Seis de ellas fueron dedicadas a los cumpleaños del rey Carlos II, utilizando alegorías mitológicas y métricas como la décima y el romance. Asimismo, redactó loas en honor a las reinas María Luisa de Orleans y Mariana de Austria, así como a las autoridades virreinales y al clero local, como la Loa de la Concepción.

Su producción de villancicos fue concebida para ser interpretada en los maitines de las festividades litúrgicas, manteniendo un esquema de nueve composiciones que integraban pasajes en latín, castellano y dialectos populares o lenguas originarias. Destacan entre ellos los Villancicos al glorioso San Pedro, los Villancicos del Nacimiento (estrenados en la Catedral de Puebla en 1689) y los dedicados a San José (1690) y San Pedro Nolasco. Investigaciones musicológicas de Alberto Pérez-Amador Adam publicadas en 2008 determinaron que once de estos villancicos incorporaban metros musicales elaborados previamente por maestros de capilla de catedrales peninsulares y americanas, los cuales eran adaptados por la escritora para sus ciclos litúrgicos. La autora redactó también un tratado musical titulado El caracol, el cual no se conserva en la actualidad.

Interpretaciones historiográficas y legado

La figura de sor Juana Inés de la Cruz ha sido objeto de variadas lecturas por parte de la historiografía y la crítica literaria moderna. A partir de los estudios pioneros de Dorothy Schons en las décadas de 1920 y 1930, diversos sectores de la investigación académica han adscrito su vida y obra a los orígenes del feminismo en el Nuevo Mundo, fundamentándose en la postura crítica expuesta en Respuesta a Sor Filotea de la Cruz y en sus redondillas satíricas. Académicas como Electa Arenal, Rosa Perelmuter y Patricia Saldarriaga han destacado el uso de voces neutras, el replanteamiento del papel social femenino y las alusiones simbólicas a la naturaleza de la mujer en poemas como Primero sueño.

En contraste, especialistas como Antonio Alatorre han señalado que sus pronunciamientos respondieron a la defensa legítima de su vocación personal por el saber y a la retórica moral de su tiempo, más que a la articulación de un movimiento social colectivo. Por su parte, ensayistas como Marcelino Menéndez y Pelayo y Octavio Paz enfatizaron la singularidad de su obra dentro del panorama hispánico del siglo XVII, al distanciarse de los modelos tradicionales de la literatura mística para abordar reflexiones de corte epistemológico y científico.

Su legado escrito fue recopilado y publicado paulatinamente en España. El primer tomo de sus obras, Inundación castálida, se editó en Madrid en 1689; el segundo volumen apareció en Sevilla en 1692, y el tomo póstumo, Fama y obras póstumas, fue impreso por Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche en Madrid en 1700. Diversos escritos citados en testimonios de la época permanecen extraviados o inéditos, entre ellos una loa infantil al Santísimo Sacramento, el tratado musical El caracol, las obras filosóficas El equilibrio moral y Las súmulas, así como correspondencia epistolar mantenida con Diego Calleja y la marquesa de la Laguna.

Resumen

Juana Inés de la Cruz (1648/1651-1695) fue una monja jerónima, escritora y filósofa novohispana que se consagró como una de las figuras más eminentes del barroco y del Siglo de Oro en lengua castellana. Criada en el entorno rural de Panoaya y Nepantla, desarrolló desde la infancia una precoz vocación intelectual que la llevó a aprender a leer a los tres años, dominar el náhuatl, el latín y los conocimientos teológicos y humanísticos de su tiempo. Tras un período de formación en la corte virreinal de la Ciudad de México bajo la protección de los marqueses de Mancera, ingresó en 1669 en el Convento de San Jerónimo, espacio donde administró la vida comunitaria y desarrolló la mayor parte de su producción literaria.

Su obra abarcó el teatro profano (Los empeños de una casa, Amor es más laberinto), el auto sacramental (El divino Narciso, El cetro de José), la poesía lírica y satírica (Primero sueño, Hombres necios), así como el ensayo y la prosa teológica (Neptuno alegórico, Carta atenagórica, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz). Respaldada por vicerreges como la condesa de Paredes, vio publicados sus escritos en la España peninsular. En sus últimos años se vio involucrada en disputas con las autoridades eclesiásticas a raíz de sus escritos argumentativos, falleciendo en 1695 a causa de una epidemia en la capital del Reino de México. Su producción escrita representa un hito fundamental en la historia cultural de la Nueva España y en la literatura hispanoamericana.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Quién fue sor Juana Inés de la Cruz?
Fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo, poetisa, dramaturga y filósofa novohispana, considerada una de las mayores figuras del Siglo de Oro de la literatura en español.
¿Por qué se le conoce como la «Décima Musa»?
Recibió este sobrenombre en su época gracias a la gran calidad, variedad y refinamiento de su vasta producción literaria e intelectual.
¿Cuáles son las obras más conocidas de sor Juana Inés de la Cruz?
Entre sus obras principales destacan el poema Primero sueño, la comedia Los empeños de una casa, el auto sacramental El divino Narciso y el ensayo autobiográfico Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.
¿Por qué tuvo conflictos con la jerarquía eclesiástica?
A raíz de la publicación de su Carta atenagórica —donde criticaba un sermón del jesuita António Vieira—, monseñores y obispos le recriminaron su dedicación a temas profanos, lo que la llevó a defender el derecho de las mujeres a la educación en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.
¿En qué fecha nació y murió sor Juana Inés de la Cruz?
Nació entre 1648 y 1651 en San Miguel Nepantla y falleció el 17 de abril de 1695 en la Ciudad de México durante una epidemia.

Redacción del artículo

Bibliografía

  • Alatorre, Antonio. Sor Juana Inés de la Cruz y sus contemporáneos. Fondo de Cultura Económica, 1993.
  • Calleja, Diego. Fama y obras póstumas del fénix de México, décima musa, poética poetisa, sor Juana Inés de la Cruz. Imprenta de Manuel Ruiz de Murga, 1700.
  • Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Fondo de Cultura Económica, 1982.
  • Puccini, Darío. Sor Juana Inés de la Cruz: Estudio analítico de la «Respuesta a Sor Filotea». Editorial Gredos, 1970.
  • Sabat de Rivers, Georgina. El sueño de Sor Juana Inés de la Cruz: Tradición y creación. Tamesis Books, 1977.
  • Schmidhuber, Guillermo. El hallazgo de las actas de bautismo de Sor Juana y sus hermanas. Centro de Estudios de Historia de México, 1992.

Citar este artículo

Velázquez, R.D. (2026). Sor Juana Inés de la Cruz. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/sor-juana-ines-de-la-cruz/

Velázquez, Renata Domínguez. “Sor Juana Inés de la Cruz.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/sor-juana-ines-de-la-cruz/

Velázquez, Renata Domínguez. “Sor Juana Inés de la Cruz.” Historia Mexicana. Publicado el 05 de agosto de 2026. https://historiamexicana.com/sor-juana-ines-de-la-cruz/

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Publicado por historiamexicana.com el 5 de agosto de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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Renata Domínguez Velázquez

Redactora en HistoriaMexicana.com

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