Gobierno de Francisco I. Madero
06/06/2026 · Actualizado: 22/07/2026

El gobierno de Francisco I. Madero se erigió como un intento de transición política en México tras la caída del régimen porfirista, marcando una nueva era que buscaba reconciliar las aspiraciones sociales con el sistema económico existente.
Este artículo abarca los primeros dos años de mandato de Madero (1911-1913), analizando sus intentos por conciliar diferentes fuerzas políticas y sociales. Se centra en la lucha interna entre reformistas agrarios, representados por Emiliano Zapata con el Plan de Ayala, y las fuerzas conservadoras que apoyaban al antiguo régimen. Además, se examina la Decena Trágica (19-28 de febrero de 1913), un golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta que puso fin a este breve período de gobierno civil.
- Desarrollo
- Estructura política del porfirismo intacta
- Presiones internas contra Madero
- Rebelión zapatista y Plan de Ayala
- Rebelión orozquista
- Contexto histórico
- Decena Trágica: inicio y desarrollo bélico
- Decena Trágica: resistencia en Palacio Nacional y La Ciudadela
- Decena Trágica: traición y caída del gobierno legítimo
- Decena Trágica: usurpación constitucional y asesinato final
- Resumen
Desarrollo
Desarrollo
El presidente Madero enfrentó múltiples presiones para conciliar las demandas sociales con los intereses conservadores del régimen porfirista. En noviembre de 1911, Emiliano Zapata publicó el Plan de Ayala, declarándose en contra de Madero debido a su falta de avance en la reforma agraria. Este documento se convirtió en un manifiesto que planteaba la necesidad de repartir tierras y promovía la idea de "Tierra y Libertad". El conflicto con Zapata no solo se manifestó en el plano político, sino también en el militar, ya que las fuerzas zapatistas mantuvieron una guerra de guerrillas en Morelos, Puebla y el Estado de México. Esta lucha por la propiedad de la tierra fue alimentada por la Ley Lerdo de 1856, que expropió las propiedades de la iglesia pero dejó un vacío legal sobre las tierras cultivables pertenecientes a comunidades campesinas.
En el mismo año, Pascual Orozco lideró una rebelión en Chihuahua, descontento con Madero por su conciliación con el antiguo régimen y por la confrontación directa contra los zapatistas. Orozco fue derrotado por Victoriano Huerta en agosto y se exilió del país. Estas dos revoltas pusieron a prueba la capacidad de Madero para mantener el control político y militar, mientras que también evidenciaban las tensiones internas dentro del movimiento revolucionario.
La Decena Trágica
La Decena Trágica comenzó con un golpe de Estado encabezado por Manuel Mondragón, Bernardo Reyes y Félix Díaz, apoyados por el embajador estadounidense Henry Lane Wilson. Este levantamiento se extendió a todo el Distrito Federal, con focos principales en el centro y norte de la capital. El alzamiento inició en Tlalpan y Tacubaya, dividido en dos grupos que avanzaron hacia el centro y La Ciudadela, donde se guardaba el armamento de la capital. Palacio Nacional se convirtió en un punto crucial del conflicto, donde las tropas leales a Madero combatieron contra los golpistas asentados en edificios vecinos.
La resistencia de la guardia presidencial y el fuego cruzado causaron numerosas víctimas civiles. En respuesta, grupos de ciudadanos adhirieron a las fuerzas leales al presidente, mientras que otros sectores acomodados se unieron a los golpistas. Huerta, quien encabezaba las tropas en La Ciudadela, buscó una alianza con Félix Díaz para prolongar el conflicto y ganar tiempo. A pesar de los intentos humanitarios de pactar un alto al fuego, estos fueron rechazados por Díaz debido a su deseo de ver rendido a Madero.
El 19 de febrero, Huerta logró tomar Palacio Nacional, pero no pudo apresar a Madero y Pino Suárez. Ese mismo día, ambos renunciaron al cargo, llevando a la sustitución constitucional del secretario de relaciones exteriores Pedro Lascuráin, quien nombró a Huerta secretario de gobernación y renunció legalmente en favor de este último. Tres días después, Huerta ordenó el asesinato de Madero y Pino Suárez, consolidando su control sobre la presidencia.
Estructura política del porfirismo intacta
La estructura política del régimen porfirista se mantuvo prácticamente intacta bajo la presidencia de Francisco I. Madero, quien asumió el poder en noviembre de 1911. Este mantenimiento se reflejaba en varios aspectos clave: el peso específico que ejercían los empresarios, la élite social capitalina y la prensa ligada al régimen derrocado. Además, militares derrotados durante la revolución permanecieron en sus puestos, asegurando la continuidad de la estructura militar del porfiriato.
Los empresarios conservaron su influencia decisiva sobre el gobierno, manteniendo una estrecha relación con Madero para proteger sus intereses económicos. La élite social capitalina también mantenía su poder político y económico, influyendo en las decisiones gubernamentales a través de su red de contactos y relaciones. Por su parte, la prensa ligada al régimen derrocado continuó ejerciendo una vigilancia constante sobre el gobierno maderista, asegurando que no se desviara del camino porfirista.
La continuidad de estos grupos en posiciones de poder bajo Madero sentaba las bases para un gobierno que, aunque presidido por un líder democrático, mantenía intactas las estructuras políticas establecidas durante el porfiriato. Este hecho no solo limitaba la capacidad del nuevo presidente para implementar cambios significativos, sino que también alimentaba la frustración de sectores sociales que esperaban una transformación más profunda.
En resumen, la estructura política del porfirismo se mantuvo intacta bajo Madero, lo que permitió a los grupos adinerados y el poder militar mantener sus privilegios. Esta continuidad sentó las bases para futuras tensiones y conflictos, ya que los sectores sociales que esperaban cambios significativos se vieron frustrados por la persistencia de las estructuras políticas del régimen anterior.
Presiones internas contra Madero
En octubre de 1911, Francisco I. Madero asumió la presidencia en un contexto marcado por las tensiones entre reforma social y el sistema político del Porfirismo. La prensa capitalina se convirtió en una fuente constante de descrédito para Madero, criticando sus intentos de conciliar con los grupos conservadores. Esta crítica pública ejercía una presión significativa sobre su gobierno, limitando su capacidad para implementar cambios radicales.
Las fuerzas armadas también representaron un sector crucial en las presiones internas contra Madero. En noviembre de 1911, el presidente recibió presiones para licenciar a tropas revolucionarias y depurar las estructuras militares que aún mantenían posiciones bajo el régimen porfirista. Estos militares, incluidos aquellos derrotados durante la revolución, resistían cambios que podrían comprometer sus privilegios y estatus.
Estas presiones no se limitaban solo a la prensa y al ejército; Madero también intentó conciliar las posturas de justicia social con el sistema político vigente. Sin embargo, sus esfuerzos fueron infructuosos, ya que el poder establecido no estaba dispuesto a ceder sus privilegios. Este conflicto interno se manifestó en la lucha por reformas agrarias y en la resistencia de los sectores conservadores al cambio.
El descrédito de Madero en la prensa capitalina fue una constante, afectando su capacidad para tomar decisiones políticas sin interferencias externas. La presión ejercida por las fuerzas armadas para licenciar tropas revolucionarias y depurar el ejército representaba un desafío adicional a su gobierno. Estos factores combinados pusieron a Madero en una posición difícil, donde la implementación de reformas sociales chocaba con los intereses conservadores del régimen porfirista.
En 1912, las presiones internas se intensificaron cuando Emiliano Zapata publicó el Plan de Ayala, declarándose en contra de Madero. Este documento planteaba la necesidad de repartir tierras y promovía ideas revolucionarias que Madero no estaba dispuesto a implementar. La lucha por la propiedad de la tierra tenía su origen en la Ley Lerdo de 1856, lo que generó un descontento social que se manifestó en diversas formas, incluyendo la rebelión orozquista liderada por Pascual Orozco.
El conflicto interno entre Madero y los sectores conservadores del régimen se materializó en el episodio conocido como la Decena Trágica. En febrero de 1913, un golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta y apoyado por el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, concretó su usurpación del poder. Esta acción no solo puso fin a la presidencia de Madero, sino que también sentó las bases para una nueva fase en la historia mexicana.
El 19 de febrero de 1913, Huerta tomó Palacio Nacional y asesinó a Madero y Pino Suárez. Este hecho marcó el fin del breve gobierno de Madero y abrió un nuevo capítulo de lucha por el poder en México.
Rebelión zapatista y Plan de Ayala
El 28 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata publicó el Plan de Ayala, documento que declaraba la guerra a Francisco I. Madero por su falta de avance en las reformas agrarias prometidas durante la lucha revolucionaria. Este plan se convirtió en un manifiesto central del movimiento zapatista, cuyo lema era "Tierra y Libertad". El Plan de Ayala no solo expresaba el descontento con Madero, sino que también planteaba una serie de demandas específicas relacionadas con la tierra, incluyendo la expropiación de las grandes propiedades agrarias y su reparto entre los campesinos. Este documento se convirtió en un catalizador para nuevas rebeliones y guerrillas en diversas regiones del país.
La publicación del Plan de Ayala marcó el inicio de una nueva fase de conflicto armado, donde la lucha por la tierra se convirtió en un elemento central. En Morelos, Puebla y el Estado de México, los zapatistas organizaron el Ejército Libertador del Sur, que llevó a cabo operaciones guerrilleras contra las fuerzas federales. Estas acciones tenían como objetivo principal la implementación del reparto agrario prometido por Madero, pero que no se había materializado en los hechos. La guerra de guerrillas de los zapatistas fue prolongada y limitada en avances significativos, pero logró extender su ideario político al resto del país.
El conflicto con Madero y la publicación del Plan de Ayala sentaron las bases para una lucha más abierta y organizada por la tierra, que implicaba no solo el descontento individual sino también la formación de un movimiento colectivo con claras demandas políticas y sociales.
Rebelión orozquista
En marzo de 1912, la inconformidad con las políticas conciliadoras del gobierno maderista llevó a una nueva rebelión en Chihuahua, liderada por Pascual Orozco. Este movimiento se originó debido al descontento con la postura del presidente Madero hacia el antiguo régimen y su confrontación directa contra los zapatistas en Morelos.
Orozco, un líder revolucionario que había sido parte de las fuerzas que derrocaron a Porfirio Díaz, se sintió traicionado por las políticas moderadas de Madero. La rebelión orozquista comenzó el 25 de marzo cuando Orozco y sus seguidores tomaron la ciudad de Chihuahua, marcando un nuevo frente en la lucha contra el gobierno maderista.
La postura conciliadora de Madero hacia los intereses conservadores del régimen porfirista fue particularmente incómoda para los revolucionarios como Orozco. Este descontento se manifestó no solo en Chihuahua, sino también en otros estados, donde el antiguo régimen mantenía influencia significativa.
La rebelión orozquista enfrentó una rápida y contundente respuesta militar por parte del gobierno maderista. Victoriano Huerta, quien había derrotado a los zapatistas en Morelos, fue encargado de sofocar la insurrección chihuahuense. Huerta logró vencer a Orozco en agosto de 1912, forzándolo a exiliarse del país.
La derrota de Orozco sentó las bases para un nuevo escenario político, donde el conflicto armado continuaba extendiéndose y profundizando. La rebelión orozquista no solo reafirmó la resistencia contra los cambios implementados por Madero, sino que también contribuyó a mantener viva la lucha revolucionaria en diferentes regiones del país.
La rebelión orozquista, liderada por Pascual Orozco en marzo de 1912, representó un nuevo frente en el conflicto político y social que se desarrollaba bajo la presidencia de Francisco I. Madero. Este movimiento surgió debido a la inconformidad con las políticas conciliadoras del gobierno maderista hacia el antiguo régimen porfirista y su confrontación directa contra los zapatistas en Morelos.
La derrota de Orozco en agosto de 1912, a manos de Victoriano Huerta, marcó un punto crucial en la dinámica de las rebeliones que se desarrollaban durante este período. La rebelión orozquista no solo reafirmó el descontento con los cambios implementados por Madero, sino que también contribuyó al mantenimiento del conflicto armado, extendiéndose a diferentes regiones y manteniendo viva la lucha revolucionaria en diversos frentes.
Contexto histórico
de la Ley Lerdo y despojo de tierras
El conflicto agrario que emergió durante el gobierno de Francisco I. Madero tenía su origen legal en la Ley Lerdo de 1856, cuando se expropiaron las propiedades de la Iglesia. Esta medida, aunque inicialmente dirigida contra la jerarquía eclesiástica, dejó un vacío legal que permitió el despojo de muchas tierras cultivables en todo el país. Estas tierras, que pertenecían por sistema comunal a las comunidades campesinas, quedaron sin títulos claros de propiedad debido a la falta de registro formal tras la expropiación.
El sistema comunal, diseñado durante la época colonial, resguardaba los derechos de las comunidades sobre sus tierras. No obstante, el vacío legal creado por la Ley Lerdo permitió que estas tierras fueran despojadas y ocupadas por otros interesados, generalmente propietarios privados o grupos económicos. Este proceso no solo afectó a las comunidades campesinas, sino que también creó un marco jurídico ambiguo sobre la propiedad de la tierra.
En 1911, cuando Francisco I. Madero asumió la presidencia, el descontento con esta situación legal se intensificó. Las comunidades campesinas reclamaban sus derechos sobre las tierras que históricamente les pertenecían y que ahora estaban en manos de otros. Esta tensión social se reflejaba en las demandas de reforma agraria que Madero enfrentaba, lo que generaba presiones internas y externas para avanzar en este tema.
El peso específico del sector empresarial y la elite social capitalina se mantuvo intacto, limitando el espacio para cambios radicales en las políticas agrarias. La prensa, una herramienta crucial durante el porfiriato, continuó ejerciendo un control sobre la información que llegaba al público, contribuyendo a mantener la estabilidad política del régimen.
Las fuerzas armadas también ejercían presiones sobre Madero, exigiendo la licenciamiento de las tropas revolucionarias o incluso la dimitición del presidente. Estas presiones internas dificultaban cualquier avance en reformas sociales que pudieran beneficiar a los sectores más desfavorecidos.
El 28 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata publicó el Plan de Ayala, declarándose en contra de Madero por su falta de avance en las reformas agrarias prometidas durante la lucha revolucionaria. Este plan se convirtió en un manifiesto central del movimiento zapatista, cuyo lema era "Tierra y Libertad". El Plan de Ayala no solo expresaba el descontento con Madero, sino que también planteaba una serie de demandas agrarias que buscaban revertir el proceso de expropiación ilegal de tierras.
El Plan de Ayala sentó las bases para una nueva rebelión en Morelos, que se extendió a otras regiones del país. La lucha por la propiedad de la tierra, originada en la Ley Lerdo y la falta de reforma agraria, fue el motor principal de esta revuelta.
Orozco fue derrotado por Victoriano Huerta en agosto de 1912 y se exilió del país. Esta rebelión, como la anterior, reflejaba las tensiones internas que existían en el gobierno maderista y la falta de consenso sobre cómo abordar los problemas agrarios.
La Ley Lerdo de 1856, que expropió las propiedades de la Iglesia, dejó un vacío legal que permitió el despojo de muchas tierras cultivables en todo el país. Este proceso afectó a comunidades campesinas que históricamente poseían estas tierras y generó una demanda creciente por reformas agrarias durante el gobierno de Francisco I. Madero. Las presiones internas, ejercidas tanto por la prensa como por las fuerzas armadas, limitaron su capacidad para implementar cambios significativos en este ámbito. La rebelión zapatista y posteriormente la orozquista reflejaron estas tensiones y pusieron de manifiesto el descontento con una política agr
Decena Trágica: inicio y desarrollo bélico
El 9 al 19 de febrero de 1913, ocurrió un episodio bélico en la Ciudad de México que se conoce como la Decena Trágica. Este período fue el más violento y destructivo desde la toma de Tenochtitlan en 1521. El golpe de Estado fue encabezado por Manuel Mondragón, quien contó con el apoyo de Bernardo Reyes y Félix Díaz, ambos liberados de prisión para esta ocasión. Victoriano Huerta lideró las fuerzas federales que combatieron en la capital. El instigador del golpe fue el embajador estadounidense Henry Lane Wilson.
El alzamiento comenzó en Tlalpan y Tacubaya, extendiéndose por todo el Distrito Federal, principalmente en el centro y norte de la ciudad. La resistencia de las tropas leales a Madero se concentró en Palacio Nacional, donde combatieron contra los golpistas asentados en edificios vecinos. El fuego cruzado resultó en numerosos civiles muertos, lo que hizo retroceder a los golpistas hacia La Ciudadela, donde se guardaba el armamento de la capital.
El 10 de febrero, Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez fueron escoltados desde su residencia en el Castillo de Chapultepec al Palacio Nacional, un acto que hizo público la acción golpista. A medida que los días avanzaban, grupos de civiles se adhirieron a las fuerzas leales al presidente, mientras otros sectores acomodados se dirigían a La Ciudadela para integrarse a las tropas golpistas.
El cuarto y quinto día vieron la intensificación del conflicto con saqueos e incendios. Civiles de ambos bandos tomaron represalias contra casas y negocios del grupo contrario, exacerbando la violencia en la ciudad. El sexto día, intentos de pactar un alto al fuego por razones humanitarias fueron rechazados por Félix Díaz debido a su deseo de ver rendido y dimitido a Madero.
Durante el octavo día, Madero promovió un alto al fuego para permitir que la población reabasteciera. No obstante, los golpistas no lo respetaron e incluso dispararon contra los habitantes que volvían a los negocios de abastos. El 19 de febrero, Huerta concretó su traición al reunirse con los golpistas y el embajador estadounidense Henry Lane Wilson.
El 19 de febrero, los golpistas tomaron Palacio Nacional sin lograr apresar a Madero gracias a la intervención del Estado Mayor Presidencial. Ese mismo día, Madero y Pino Suárez renunciaron formalmente al cargo, lo que llevó a la sustitución constitucional de Pedro Lascuráin como secretario de relaciones exteriores. En solo 45 minutos, Lascuráin nombró a Huerta secretario de gobernación y renunció, legalizando así la usurpación del poder en favor de Huerta.
Este evento sentó las bases para el inicio del régimen huertista, marcando un hito en la historia política mexicana.
Decena Trágica: resistencia en Palacio Nacional y La Ciudadela
Palacio Nacional se convirtió en un refugio fortificado para las tropas leales a Francisco I. Madero, quienes defendieron la sede del ejecutivo con firmeza contra los golpistas. Durante el primer día de la Decena Trágica, 9 de febrero de 1913, los federales y otros partidarios de Madero se apostaron en las dependencias del edificio, preparándose para resistir cualquier ataque. Las tropas golpistas, lideradas por Manuel Mondragón, Bernardo Reyes y Félix Díaz, avanzaron hacia el centro de la ciudad, enfrentándose a los defensores de Madero en una lucha que se extendió por varios edificios cercanos.
La resistencia en Palacio Nacional fue intensa. La guardia presidencial y numerosos civiles, incluyendo militares derrotados durante la revolución, se unieron para combatir a los golpistas. El fuego cruzado entre las fuerzas leales y los insurgentes resultó devastador, causando numerosas bajas en ambos bandos. A medida que el conflicto se intensificaba, los defensores de Madero se vieron obligados a replegarse hacia el interior del palacio, fortaleciendo sus posiciones para resistir la ofensiva.
Paralelamente, las tropas golpistas se atrincheraron en La Ciudadela, un área estratégica que albergaba gran parte del armamento de la capital. Este movimiento permitió a los golpistas consolidar su posición y prepararse para el asedio a Palacio Nacional. La Ciudadela, con sus edificios y calles estrechas, se convirtió en una fortaleza natural que dificultó las maniobras ofensivas de los defensores de Madero.
El 10 de febrero, la situación en Palacio Nacional se volvió crítica. La resistencia de los civiles y militares dentro del palacio fue intensa, pero las bajas eran significativas. Al amanecer, los golpistas comenzaron a disparar indiscriminadamente desde La Ciudadela contra el palacio, causando daños estructurales e incendiando partes del edificio. A pesar de la presión, los defensores de Madero continuaron resistiendo, utilizando armas y munición que se habían escondido en el interior del palacio.
El día 10 de febrero también marcó el inicio de los saqueos e incendios en la ciudad. Civiles acomodados, descontentos con las acciones de Madero, se unieron a las fuerzas golpistas en La Ciudadela, aunque en menor número que sus oponentes. Estas acciones no solo afectaron la infraestructura civil, sino que también contribuyeron al caos y el miedo que reinaba en la ciudad durante los días siguientes.
En resumen, la resistencia en Palacio Nacional fue un punto crítico de la Decena Trágica, donde las fuerzas leales a Madero se enfrentaron valientemente a los golpistas, mientras La Ciudadela se convertía en una fortaleza estratégica para los insurgentes.
Decena Trágica: traición y caída del gobierno legítimo
El 9 de febrero de 1913, Huerta se reunió con los golpistas y el embajador estadounidense Henry Lane Wilson. Esta reunión fue crucial para la concreción de su traidor plan: Huerta no buscaba negociar una rendición pacífica, sino aliarse con los conspiradores. Su objetivo era ganar tiempo mientras continuaban los combates en La Ciudadela y el Zócalo. Durante esta etapa, las fuerzas leales a Madero se mantuvieron en Palacio Nacional, resistiendo valientemente contra los golpistas que se habían refugiado en La Ciudadela.
El 19 de febrero de 1913, los golpistas lograron tomar Palacio Nacional. A pesar del esfuerzo de la guardia presidencial y de civiles que se unieron a las fuerzas leales, no pudieron evitar la captura del edificio, símbolo del poder ejecutivo. Este hecho marcó el final de la resistencia militar en favor de Madero.
Mientras tanto, en la residencia presidencial del Castillo de Chapultepec, Francisco I. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez se vieron forzados a tomar una decisión desesperada. El 19 de febrero, ante el avance golpista y el caos que reinaba en la capital, renunciaron formalmente al cargo. Esta acción legalizó la usurpación del poder por parte de Victoriano Huerta. Madero y Pino Suárez se vieron obligados a ceder ante la fuerza militar y política que Huerta había reunido con el apoyo del embajador estadounidense, sentando las bases para su propio destierro y posterior asesinato.
Decena Trágica: usurpación constitucional y asesinato final
El 19 de febrero, los golpistas lograron tomar Palacio Nacional, dominando la sede del ejecutivo. A pesar de que Madero había promovido un alto al fuego, los combates continuaron con saqueos e incendios por ambos bandos. Durante este tiempo, Félix Díaz y Huerta se reúnen para fortalecer su posición, no para negociar la rendición del presidente sino para aliarse contra Madero.
El 23 de febrero, Pedro Lascuráin renunció tras solo 45 minutos en el cargo. Este acto legalizó la usurpación del gobierno por parte de Huerta, quien inmediatamente fue nombrado secretario de gobernación. La rápida sustitución del secretario de relaciones exteriores sentó las bases para una nueva estructura gubernamental bajo el control golpista.
Tres días después, el 26 de febrero, Huerta ordenó el asesinato de Madero y José Suárez. Este acto trajo consigo la caída definitiva del gobierno legítimo de Francisco I. Madero, marcando el fin de su presidencia y sentando las bases para un nuevo régimen bajo el liderazgo usurpatorio de Huerta.
Resumen
El gobierno de Francisco I. Madero, que asumió en noviembre de 1911, intentó reconciliar las aspiraciones sociales con los intereses conservadores del régimen porfirista, pero enfrentó múltiples presiones internas y conflictos armados. Las tensiones se manifestaron principalmente a través de la rebelión zapatista, liderada por Emiliano Zapata, quien publicó el Plan de Ayala en noviembre de 1911, reclamando tierras y libertad. Madero también enfrentó presiones militares para licenciar tropas revolucionarias y depurar las estructuras del ejército, lo que limitaba su capacidad para implementar cambios significativos.
Las consecuencias de este gobierno fueron marcadas por la persistencia de la estructura política del Porfirismo. Los empresarios, la élite social capitalina y la prensa ligada al régimen derrocado mantenían su influencia, mientras que militares derrotados durante la revolución permanecían en sus puestos. Estas presiones internas y el conflicto con los zapatistas contribuyeron a la Decena Trágica de febrero de 1913, un golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta que puso fin al breve período de gobierno civil de Madero.
Preguntas & Respuestas (FAQ)
- ¿Cuándo asumió Francisco I Madero la presidencia?
- Francisco I Madero asumió la presidencia en noviembre de 1911.
- ¿Qué problemas enfrentaba el gobierno de Madero?
- El gobierno de Madero se enfrentaba a múltiples presiones, incluyendo luchas internas con zapatistas y orozquistas, así como presión de la prensa capitalina y las fuerzas armadas conservadoras.
- ¿Qué hizo el Plan de Ayala?
- El Plan de Ayala fue publicado por Emiliano Zapata en noviembre de 1911 y planteaba la necesidad de repartir tierras entre los campesinos, lo que generó una lucha armada con Madero.
- ¿Quién lideró la rebelión orozquista?
- La rebelión orozquista fue liderada por Pascual Orozco en Chihuahua.
- ¿Cuándo y cómo terminó el gobierno de Francisco I Madero?
- El gobierno de Francisco I Madero terminó con la Decena Trágica, donde Victoriano Huerta asesinó a Madero y Pino Suárez en febrero de 1913.
Redacción del artículo
Citar este artículo
Leyva, C.B.E. (2026). Gobierno de Francisco I. Madero. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/gobierno-de-francisco-i-madero/
Leyva, Claudia Beatriz Esquivel. “Gobierno de Francisco I. Madero.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/gobierno-de-francisco-i-madero/
Leyva, Claudia Beatriz Esquivel. “Gobierno de Francisco I. Madero.” Historia Mexicana. Publicado el 06 de junio de 2026. https://historiamexicana.com/gobierno-de-francisco-i-madero/
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Publicado por historiamexicana.com el 6 de junio de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.
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