La evolución de la ciencia y el conocimiento en el territorio que hoy comprende México representa un proceso acumulativo y dinámico de saberes, técnicas, instituciones y corrientes de pensamiento. Desde los sofisticados sistemas astronómicos, matemáticos y agrícolas desarrollados por las civilizaciones mesoamericanas, pasando por el choque y mestizaje de la ciencia novohispana con la tradición europea, hasta la institucionalización científica de los siglos XIX, XX y XXI, la producción de conocimiento ha respondido tanto a necesidades materiales concretas como a debates ideológicos y proyectos de desarrollo nacional. La historiografía contemporánea analiza esta trayectoria no como una mera asimilación periférica de las ciencias occidentales, sino como un campo de constante apropiación, innovación y síntesis adaptado a los retos geográficos, sociales y económicos del país.
A lo largo de las distintas etapas históricas, la ciencia en México se ha articulado en torno a instituciones clave que sirvieron como polos de investigación y formación académica. La fundación de colegios, Reales Academias y la Real y Pontificia Universidad de México durante el periodo colonial sentó las bases de un pensamiento criollo proto-científico. Posteriormente, el auge del positivismo en el siglo XIX impulsó la creación de escuelas profesionales y la modernización de la infraestructura técnica. En el siglo XX, la consolidación de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología consolidó un sistema científico público que impulsó avances de resonancia mundial en campos como la química, la medicina, la botánica, la física nuclear y la astronomía.
Los sistemas de conocimiento en la Mesoamérica prehispánica
Las civilizaciones precolombinas de Mesoamérica desarrollaron complejos corpus de conocimiento empírico y teórico estrechamente ligados a la observación de la naturaleza, la religión y la organización estatal. La Cultura Maya destacó de manera excepcional en las matemáticas y la astronomía mediante la invención e implementación del concepto del cero posicional y el uso de un sistema numérico vigesimal. Estas herramientas permitieron la elaboración de calendarios de extraordinaria precisión, como el Tzolkin de 260 días y el Haab de 365 días, sincronizados mediante la Cuenta Larga para registrar ciclos erales y movimientos planetarios, singularmente las fases de Venus y la predicción de eclipses solares y lunares en observatorios como El Caracol en Chichén Itzá.
En el Valle de México, la Cultura Mexica y sus vecinos refinaron saberes aplicados a la ingeniería hidráulica, la agronomía y la medicina tradicional. La construcción de las chinampas en el Lago de Texcoco constituyó un sistema agrícola intensivo de alta productividad sustentado en el manejo de nutrientes, el drenaje y la ingeniería de diques, como el gran albarradón diseñado por el tlatoani Nezahualcóyotl en Texcoco para separar las aguas dulces de las salobres. Asimismo, la botánica y la farmacopea alcanzaron un desarrollo notable, registrando el uso medicinal de cientos de plantas para el tratamiento de afecciones corporales, un conocimiento que quedaría preservado parcialmente en obras posteriores como el Libro sobre las hierbas medicinales de los indios de Martín de la Cruz y Juan Badiano (conocido como el Códice Cruz-Badiano).
La ciencia novohispana y la institucionalización colonial
El establecimiento del Virreinato de la Nueva España en el siglo XVI introdujo las corrientes del pensamiento renacentista y escolástico europeo, las cuales se hibridaron con la realidad natural y social del Nuevo Mundo. La fundación de la Real y Pontificia Universidad de México en 1551 dotó a la colonia de una institución dedicada a la enseñanza del derecho, la teología, las artes y la medicina. La necesidad de explorar y explotar los recursos naturales motivó tempranamente expediciones de carácter proto-científico, como la encomendada por el monarca Felipe II al médico Francisco Hernández de Toledo, quien recorrió el territorio novohispano entre 1570 y 1577 recopilando miles de especímenes vegetales, animales y minerales con el auxilio de sabios indígenas.
Durante el siglo XVII, el pensamiento novohispano produjo figuras universales que tendieron puentes entre el humanismo clasicista y las primeras manifestaciones de la Revolución Científica europea. El polímata Carlos de Sigüenza y Góngora, catedrático de matemáticas y astrolabio en la universidad, cuestionó las supersticiones astrológicas mediante la publicación de su Manifiesto filosófico contra los cometas, defendiendo la observación empírica frente al dogma teológico. En el ámbito de las letras y el conocimiento enciclopédico, Sor Juana Inés de la Cruz convirtió su celda en el Convento de San Jerónimo en un espacio de experimentación física, astronómica y filosófica, abogando en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz por el derecho fundamental de las mujeres al acceso al conocimiento científico y académico.
La Ilustración y el auge de las ciencias aplicadas
La llegada de la dinastía de los Borbones al trono español en el siglo XVIII impulsó un amplio programa de reformas administrativas y económicas que colocó a la utilidad científica en el centro de la política estatal. En la Nueva España, la Ilustración se caracterizó por un marcado interés en las matemáticas, la astronomía, la geografía y, de manera prioritaria, la minería. Científicos ilustrados de la talla de José Antonio de Alzate y Ramírez, a través de publicaciones periódicas como la Gaceta de Literatura de México, promovieron la aplicación del método experimental y el estudio práctico de la flora, la fauna y los fenómenos meteorológicos locales para el beneficio social y la modernización de la agricultura.
Para responder a las exigencias de la industria minera, columna vertebral de la economía virreinal, la Corona Española promovió la fundación de instituciones especializadas de alto nivel. En 1788 se estableció el Real Jardín Botánico de México, dirigido por Vicente Cervantes, y en 1792 abrió sus puertas el Real Seminario de Minería, fundado por el sabio vasco Fausto Elhuyar. En esta última institución, el mineralogista hispano-mexicano Andrés Manuel del Río descubrió en 1801 un nuevo elemento químico al analizar minerales de plomo extraídos en Zimapán, Hidalgo, al que bautizó originalmente como eritronio y que posteriormente se identificó en la tabla periódica mundial como vanadio. El edificio sede, el Palacio de Minería, diseñado por el arquitecto y escultor Manuel Tolsá, simbolizó la culminación monumental del pensamiento científico ilustrado novohispano.
El siglo XIX: Positivismo, reorganización académica y exploración territorial
Tras las devastadoras guerras de independencia y un prolongado periodo de inestabilidad política, las élites republicanas del siglo XIX identificaron en la ciencia el instrumento indispensable para la pacificación, el orden social y el desarrollo económico. Bajo el gobierno de Benito Juárez y las reformas liberales, el filósofo y médico Gabino Barreda introdujo el positivismo del pensador francés Auguste Comte, adaptándolo al contexto nacional mediante la creación de la Escuela Nacional Preparatoria en 1867. La divisa positivista de "amor, orden y progreso" se convirtió en la doctrina ideológica que orientó la formación de las nuevas generaciones de profesionales, tecnócratas e intelectuales.
Durante el Porfiriato, el régimen encabezado por el presidente Porfirio Díaz colocó a un grupo de intelectuales conocidos como Los Científicos, liderados por José Yves Limantour, en la conducción económica y política del país. Este periodo presenció un notable esfuerzo de cartografía, estadística y exploración del territorio nacional mediante instituciones como la Comisión Geográfico-Exploradora y la Comisión Científica de México. Asimismo, astrónomos como Francisco Díaz Covarrubias organizaron expediciones de relevancia internacional, como el viaje a Japón en 1874 para observar el tránsito de Venus por el disco solar, lo que permitió ajustar la medición precisa de la distancia entre la Tierra y el Sol y posicionar a México en el mapa astronómico global.
En el campo de las ciencias de la salud y las ciencias naturales, el siglo XIX tardío vio la consolidación de institutos de investigación de vanguardia. En 1888 se fundó el Instituto Médico Nacional, dedicado al estudio sistemático de las plantas medicinales y la farmacología autóctona, mientras que científicos como Fernando Altamirano y Manuel Carmona y Valle impulsaron la bacteriología y la salud pública. Paralelamente, el geólogo Mariano Bárcena promovió el estudio de la paleontología y el establecimiento del Observatorio Astronómico Nacional, ubicado inicialmente en el Castillo de Chapultepec y trasladado más tarde a Tacubaya, consolidando la infraestructura científica del Estado moderno mexicano a las puertas del nuevo siglo.
El siglo XX: Institucionalización moderna y avances de impacto global
El proceso revolucionario de 1910 transformó profundamente el papel del conocimiento en la sociedad, orientándolo hacia la resolución de las carencias sociales y la soberanía industrial. Un hito decisivo ocurrió en 1910 con la reapertura de la Universidad Nacional de México, impulsada por Justo Sierra, la cual obtuvo su autonomía en 1929 para convertirse en la Universidad Nacional Autónoma de México. Bajo el impulso del gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, en 1936 se fundó el Instituto Politécnico Nacional con el objetivo explícito de formar ingenieros, técnicos y científicos provenientes de las clases trabajadoras para liderar la industrialización del país y la administración de sectores estratégicos como la energía y los hidrocarburos.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la investigación científica en México produjo descubrimientos e innovaciones de alcance mundial. En 1951, el estudiante de química Luis Ernesto Miramontes, trabajando en los laboratorios de la empresa Syntex bajo la dirección de Carl Djerassi y George Rosenkranz en la Ciudad de México, sintetizó la noretisterona, el principio activo fundamental para el desarrollo de la primera píldora anticonceptiva oral, acontecimiento que transformó la demografía mundial y los derechos reproductivos. En el ámbito de la biotecnología agrícola, los trabajos desarrollados en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo por el agrónomo estadounidense Norman Borlaug en colaboración con investigadores mexicanos sentaron las bases de la Revolución Verde, desarrollando variedades sintéticas de trigo de alto rendimiento que previnieron hambrunas masivas en diversas regiones del planeta.
La física, la medicina y la investigación nuclear también registraron un crecimiento institucional acelerado durante este periodo. Científicos como Manuel Sandoval Vallarta, reconocido por sus aportaciones internacionales al estudio de los rayos cósmicos y el campo magnético terrestre, impulsaron la creación del Instituto de Física de la UNAM. Para coordinar la política nuclear del país se establecieron el Comisión Nacional de Energía Nuclear y posteriormente el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares. El compromiso gubernamental con el desarrollo científico se formalizó en 1970 con la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, organismo público encargado de articular la política científica nacional, administrar el sistema de becas de posgrado y financiar proyectos de investigación.
El reconocimiento científico internacional alcanzó su cima en 1995, cuando el químico mexicano Mario Molina fue galardonado con el Premio Nobel de Química junto con Paul Crutzen y F. Sherwood Rowland. Sus investigaciones pioneras sobre la amenaza de los gases clorofluorocarbonos a la capa de ozono de la Tierra fueron determinantes para la redacción y firma del Protocolo de Montreal, demostrando el impacto directo de la ciencia formulada por investigadores mexicanos en las políticas ambientales de la gobernanza global.
La ciencia contemporánea y las grandes instalaciones científicas
A finales del siglo XX y principios del siglo XXI, el sistema científico mexicano diversificó sus áreas de especialización, consolidando redes de colaboración internacional y construyendo infraestructura de gran escala fuera de la capital del país. En el campo de la astrofísica y la astronomía, se inauguró en el estado de Puebla el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, ubicado en la cumbre del volcán Sierra Negra, considerado la antena de apertura única más grande del mundo en su rango de frecuencia, operada conjuntamente por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica y la Universidad de Massachusetts. Asimismo, el Observatorio HAWC (High-Altitude Water Cherenkov), ubicado en la misma región, se convirtió en un referente internacional para el estudio de rayos gamma de alta energía.
En el terreno de las ciencias biomédicas y la genómica, el establecimiento del Instituto Nacional de Medicina Genómica en 2004 permitió la caracterización del mapa del genoma de la población mexicana, sentando las bases para el desarrollo de la medicina personalizada y el estudio de enfermedades prevalentes en la región, como la diabetes mellitus y la obesidad. Por su parte, instituciones académicas como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional y los diversos institutos dependientes de la UNAM extendieron sus sedes regionales a estados como Querétaro, Guanajuato, Baja California y Yucatán, descentralizando la producción del conocimiento y vinculándola con el desarrollo científico y tecnológico local.
Resumen
La historia de la ciencia y el conocimiento en México refleja una rica trayectoria de adaptación, innovación y superación de limitaciones estructurales. Desde los elaborados avances en matemáticas, astronomía e ingeniería agrícola de civilizaciones mesoamericanas como los mayas y los mexicas, la producción de conocimiento estuvo profundamente ligada a la comprensión del entorno natural. Durante el periodo colonial, la Nueva España integró las corrientes europeas mediante la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México y el florecimiento ilustrado del Real Seminario de Minería, donde se realizaron aportaciones de relevancia universal como el descubrimiento del vanadio por Andrés Manuel del Río.
En los siglos XIX y XX, la ciencia fue asumida como un pilar fundamental para la construcción del Estado republicano y la modernización nacional. La adopción del positivismo, la reapertura de la Universidad Nacional Autónoma de México y la fundación del Instituto Politécnico Nacional consolidaron una sólida red de instituciones públicas de enseñanza e investigación. Esta infraestructura permitió que científicos en México generaran aportaciones de impacto global, como la síntesis de la noretisterona por Luis Ernesto Miramontes, los descubrimientos sobre el deterioro de la capa de ozono por el Premio Nobel Mario Molina, y el desarrollo de megalaboratorios de clase mundial como el Gran Telescopio Milimétrico. En la actualidad, el conocimiento científico en el país continúa evolucionando para responder a los complejos desafíos ambientales, sanitarios y tecnológicos de la sociedad contemporánea.
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Cisneros, L.M. (2026). La ciencia y el conocimiento en la historia de México. Historia Mexicana. https://historiamexicana.com/la-ciencia-y-el-conocimiento-en-la-historia-de-mexico/
Cisneros, Leonardo Morales. “La ciencia y el conocimiento en la historia de México.” Historia Mexicana, 2026, https://historiamexicana.com/la-ciencia-y-el-conocimiento-en-la-historia-de-mexico/
Cisneros, Leonardo Morales. “La ciencia y el conocimiento en la historia de México.” Historia Mexicana. Publicado el 04 de agosto de 2026. https://historiamexicana.com/la-ciencia-y-el-conocimiento-en-la-historia-de-mexico/
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Publicado por historiamexicana.com el 4 de agosto de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.